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#SalvemosAlHogarRafaelAyau

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

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Niñez

La Procuraduría General de la Nación (PGN), en represalia insensata contra las monjas de la Iglesia Ortodoxa, está recurriendo a vericuetos legalistas para quitarles el usufructo del Hogar Rafael Ayau, argumentando que lo utilizarán para hospedar a niños del Hogar Inseguro Virgen de la Asunción. Esa decisión de la PGN es inaceptable desde cualquier punto de vista. ¿Acaso no han demostrado, precisamente en ese “hogar inseguro”, que los funcionarios no son los mejor indicados para hacerse cargo de los niños?

¿Pretenden que van a hacer mejor uso de esas instalaciones que el que de ellas hacen las monjas ayudando a cientos de niños diariamente?

¿Son tan mezquinos que no solo les viene del norte la tragedia reciente de la cual son en parte responsables —la PGN es la “representante legal” de todos los niños que el gobierno toma bajo su tutela—, sino que además se quieren aprovechar de la situación para hacer más daño a muchos niños?

La verdad no entiendo qué puede estar pasando por la mente del presidente, de la procuradora general de la Nación y de todos los demás detrás de tan perniciosa decisión. ¿No se dan cuenta de que uno de los pocos hogares que ha funcionado bien desde hace veinte años y por el cual han pasado muchos niños que ahora son personas exitosas y de bien, es precisamente el que han administrado con tanto amor y trabajo las monjas ortodoxas?

Y que no nos vengan con el cuento de que todo se debe a un incumplido requisito burocrático —que ni siquiera era responsabilidad de las monjas sino del mismo gobierno— y que ellos en su celo legalista no pueden dejar pasar. Es el colmo de la hipocresía que nos salgan con este argumento los mismos funcionarios que hace poco le dieron veinte mil vueltas al “legalismo” para llegar a la conclusión de que TCQ puede funcionar a pesar de todos los cuestionamientos legales —incluso la solicitud de lesividad del contrato planteada por ellos mismos—. Si le encontraron cómo jugarle la vuelta a ese laberinto legal de mil tentáculos, me van a decir que no pueden simplemente mandar a publicar un decreto. ¡Miserables!

Yo conozco a las monjas ortodoxas desde hace muchos años y puedo dar fe de la devoción, cariño, cuidado y esfuerzo con que se han dedicado a los niños que han estado bajo su responsabilidad. Con base en las evidencias que están a la vista, le puedo garantizar que los niños bajo el cuidado de las monjas están mil veces mejor atendidos y protegidos que aquellos que tienen la mala suerte de ir a caer bajo las garras del “sistema”.

La saña con que se han empecinado contra la Madre Inés Ayau y las demás monjas ortodoxas no tiene que ver realmente con los requisitos legalistas. Tiene que ver con la labor que ellas tan bien realizan que contrasta con el desastre de los “hogares” gubernamentales. Pero no solo eso, también tiene que ver con la oposición de las monjas a la desdichada Ley Antiadopciones —oposición que yo he compartido desde que juntos batallamos contra su aprobación hace una década— y que, como tanto lo advertimos desde esa época, iba a terminar arruinando las vidas de miles de niños que se verían condenados a vivir —no imaginábamos que también a morir— en las fauces del sistema burocrático.

Ese es el verdadero problema. A los estatistas no les gusta que se pueda comparar lo mal que hacen las cosas y por ello siempre pretenden eliminar cualquier competencia. Lo inmensamente deleznable es que no les importe que en el medio queden los miles de niños sin esperanza de una vida mejor. Y usted, ¿va a hacer algo? Únase a la campaña #SalvemosAlHogarRafaelAyau.