Opinión

EDITORIAL

Se alzan las voces de la indignación

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La camarilla que se ha encargado de mal aconsejar y conducir al despeñadero al presidente Jimmy Morales no cesa en sus insensateces. La evidencia más inmediata es cómo lo hicieron incurrir en otro lamentable error, al escribirle un discurso en el que volvió a echar a perder la gran oportunidad que significa dirigirse a la Asamblea de Naciones Unidas, en donde volvió a atacar a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, en lugar de dedicar mayor tiempo a hablar de la reconciliación y del apoyo coherente a la lucha anticorrupción, tan urgente para el país.

Existe además la posibilidad de que esa rosca le convenza de menospreciar las protestas ciudadanas en contra de la corrupción y verlas como algo intrascendente, lo cual sería contraproducente y complicaría su endeble situación, ahora marcada por la soledad del presidente.

La voz de la Plaza de la Constitución volvió a sonar de manera contundente y la participación ciudadana tuvo niveles inéditos, por el constante flujo de quienes llegaban, cumplían con el ritual cívico de la protesta y se retiraban del lugar o se dirigían al Congreso. Por esa causa resulta difícil cuantificar con exactitud el número de manifestantes, lo cual tampoco es determinante, pues las exigencias eran claras y coherentes.

Además, el movimiento tuvo un alcance nacional, con caminatas y protestas igualmente pacíficas en las cabeceras departamentales, con ecos foráneos porque desde varias ciudades del mundo los connacionales expresaron su descontento.

La protesta contra el gobernante y los diputados señalados de fomentar la impunidad tuvo de nuevo la cualidad de ser pacífica, armónica y libre. Participaron grupos que llegaron desde los departamentos y los mismos asistentes se encargaron de expulsar a bochincheros y rufianes. Fue un ensamble de voces indignadas de personas de distinta edad, etnia, nivel educativo o condición social: estudiantes junto a campesinos, profesionales y niños, adultos mayores a la par de empresarios que se sumaron a la expresión ciudadana.

Corresponde entonces hacer la lectura adecuada de los últimos hechos, porque antes de las manifestaciones de rechazo se produjo una importante baja para el presidente Morales: la renuncia conjunta de tres ministros claves, entre ellos el de Gobernación, quien ha tenido un buen desempeño y fue abandonado por la bancada oficialista en una interpelación a cargo de un esbirro del sistema. Podría ser sustituido por una figura allegada al mandatario o la gavilla del partido oficial, con el grave riesgo de incurrir en más imprudencias.

El mensaje de los tres ministros fue contundente al señalar: “Somos del criterio de que tales espacios de oportunidad para realizar nuestros programas de trabajo se han cerrado rápidamente”. Esas palabras tienen muchas implicaciones en la actual situación del gobernante y no deberían subestimarse, tal como lo hiciera el vocero presidencial, quien con su habitual torpeza dijo que renuncias de ministros ocurren siempre.

El mensaje de la Plaza es claro. No se le deben buscar trasfondos ideológicos. Las acciones y omisiones del mandatario y los diputados han logrado la inusitada unión de millones de guatemaltecos en contra de la corruptela.