Opinión

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Se busca destrabar el país

Vida Amor y Paz

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Todos estamos preocupados por la paralización que está sufriendo Guatemala. Las inversiones se detienen, muchos comercios se cierran, proyectos importantes se paran y grandes consorcios planean irse del país. ¿Qué está ocurriendo? Quizás vayamos en camino a una recesión y nos preguntamos las razones. ¿Será por la ingobernabilidad, la violencia incesante, o la falta de certeza jurídica? Mucha gente no quiere hacer negocio con el Estado por tanta burocracia, y papeleo excesivo. Los funcionarios públicos temen firmar este o aquel papel por no ser tachados de “corruptos” por la Cicig, aunque no lo sean. Muchos miembros de la cooperación internacional ven con preocupación que el dinero se estanca y no se ejecuta precisamente por el miedo de los funcionarios. Así se están yendo fuera de nuestras manos proyectos interesantes, productivos y buenos para el país.

Sea cual fuere la razón, pareciera existir una campaña para polarizarnos aún más. Ricos contra pobres, pobres contra ricos, indígenas contra ladinos, ladinos contra indígenas, atacándonos todos —los unos a los otros— y solo destruyéndonos. En vez de luchar por tener un mejor país, una mejor economía, un mejor medio ambiente, una mejor unión y solidaridad y un mejor desarrollo sustentable, pareciera existir un movimiento financiado por saber quiénes, encargados de separarnos y obstaculizarnos. Eso crea pobreza.

Un gran ejemplo de esta parálisis se origina cuando organizaciones orquestan los famosos “Paros Nacionales” por cualesquiera de las razones que creyesen válidas, obstruyendo a comerciantes, limitándoles en su libre locomoción, mientras el Gobierno pareciera inactivo, sin detenerlos, aunque el país se derrumbe poco a poco. Por el otro lado, están las múltiples invasiones a fincas y ninguna medida drástica en contra. La Cámara de Comercio y la Cámara del Agro se han unido para denunciar ante el Ministerio Público estos atropellos, pidiendo que se investigue “a los autores materiales e intelectuales”, y a los “financistas y cómplices de los bloqueos”, tanto de carreteras y manifestaciones, que son “ilegales”, como las invasiones que están ocurriendo en todo el país.

Estos grupos radicales están revitalizando las acciones del conflicto armado. Si no lo paramos a tiempo, veremos un día a grupos amotinados tomando el Palacio Nacional de la Cultura y dirán que se trata de un territorio que antes les pertenecía. Sus planteamientos radicales fuertes dejan fuera la legitimidad de grupos de indígenas que muestran honorabilidad y decencia y son campesinos moderados cuyas voces son silenciadas, mientras que los alzados se ven fortalecidos al no sentir que se les prohíbe nada y creen merecerlo todo. Ellos no representan a la mayoría, pero sí invisibilizan el sentir de organizaciones indígenas que no abusan ni buscan la violencia, ni los plantones, ni quemar llantas, ni hacer paros nacionales, ni tomar rehenes, ni bloqueos. Yo he estado a la par de grupos de indígenas y campesinos que son nobles y buenos, y tienen otra consigna, la del diálogo.

Todo el país está invadido de diferentes formas y el objetivo pareciera ser la búsqueda de la inacción. ¿Para qué? ¿Por qué? No se sabe. Buscan paralizar solo porque sí. Debiéramos los buenos, a cortísimo plazo, retomar lo que fue la Instancia Nacional de Consenso a raíz del Serranazo, creada a finales de mayo del 2003, y trabajar juntos para erradicar estos flagelos. Debemos lograr una unidad nacional y buscar de nuevo la Convocatoria Ciudadana, que fue la que derrocó a los últimos gobernantes que ahora están en prisión. Busquemos destrabar al país antes de que lleguemos a convertirnos en una Venezuela. Guatemala necesita un grupo de gente conductora de este proceso que diga “ya basta”.

vidanicol@gmail.com