Opinión

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Sembrando conflictividad

Pedro Trujillo

Pedro Trujillo

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Bloqueos

La pasada semana circuló un video en el que, con inusual desprecio y aburrimiento —y sin medidas de higiene—, el señor José Cruz, del Colectivo MadreSelva, entregaba un pan a cada participante de los que se habían manifestado en la capital contra las hidroeléctricas. Mientras el reparto del condumio ocurría, una dama tomaba los datos de los asistentes y recogía las oportunas firmas que quizá sirvan para muchas cosas, además de para que el donante pueda justificar “el almuerzo” de decenas de acarreados que asistieron al “espontáneo y reivindicativo” evento. De esa forma, seguramente, la cooperación noruega —proyecto QZA-15/0477-106-MS- Climate Resilience— pueda cerrar el expediente de colaboración con una ONG de un país centroamericano —que la mayoría de los hábitantes nórdicos no pueden identificar en el mapa— y continuar “transformando el mundo” y relajando la conciencia mientras promueven, por medio de organizaciones locales, la conflictividad y el deterioro del país. Otro de los videos —mismo día y manifestación— recoge declaraciones de uno de los asistentes —y nuevamente las actas que elaboró MadreSelva— y reconoce que cada uno recibió Q200 y la comida para asistir a ese “cándido” evento indígena-campesino contra las hidroeléctricas.

No he leído, escuchado ni visto condena de defensores, defensoras ni defensores de defensoras de DDHH contra tal monstruosidad, abuso y utilización de personas indígenas, aunque a menudo se rasgan sus fariseas vestiduras con el manido discurso de “la opresión, el racismo y la deuda social” para con esos pueblos. Ahora que una organización afín —MadreSelva— queda al descubierto con estas modernas encomiendas —similares al tráfico de personas— callan y no tienen los arrestos, pero tampoco la dignidad, para confrontar y condenar ese abuso que practican muchos de sus oenegeros amigos.

La realidad, tantas veces denunciada, es que cierta cooperación internacional y determinadas organizaciones se unen para fines perversos, delincuenciales y violentos, además de que manipulan la verdad e inventan conflictos utilizando personas indígenas. Esgrimen el discurso de la defensa de la diversidad, las costumbres o la naturaleza, pero en realidad alientan una forma de vida entre su directiva y militantes que son realmente quienes salen beneficiados con jugosos salarios y otras prebendas, mientras “trafican con humanos”. Una oligarquía ecológico-ambientalista que vende una imagen falsa mientras hunde al país poco a poco y lo lleva a un infierno en el que se queman, primordialmente, aquellos que dicen defender. Mientras promueven el subdesarrollo lucrativo, niegan sus cuentas, se eximen de impuestos —aunque promueven que otros los paguen— y ocultan el dinero que reciben.

Desgraciadamente no es puntual este documentado caso. Los antiextractivitas, antiminería, antihidroeléctricas, antimonocultivos y muchos otros, incitan al conflicto y, en algunos casos, han sido señalados de violencia extrema contra personas y patrimonio. Los videos aludidos son un ejemplo que debe servir para la persecución judicial, pero sobre todo para dimensionar la situación real —no la ficticia y creada— de lo que ocurre en el interior del país y de los verdaderos intereses detrás de esas fabricadas protestas. El acarreo de personas, la compra de voluntades, el pago de favores y el pago de alimentación —escasa en esta ocasión— demuestran la manipulación, el abuso y el desprecio por el ser humano, amén de la falsedad de lo reclamado. Es hora de poner las cosas en su sitio y de denunciarlos.

PS. Uno de los carros que utilizaron para el reparto (P-464-FZK) tiene dos remisiones por superar límites de velocidad, señal de que también violan repetidamente normas básicas de convivencia.

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