Opinión

catalejo

Serio riesgo de caja de Pandora

Mario Antonio Sandoval

Editorial

TODO APUNTA A UNA CERCANA decisión de cambios en el sistema de justicia, riesgosos a causa de la integración actual del Congreso. Un asunto ha sido muy comentado en los últimos días, y me parece necesario hacer algunas reflexiones para evitar el aumento inevitable de las divisiones en el país. Me refiero a la inclusión de las tradiciones ancestrales de los pueblos de ascendencia maya, definidas como ´derecho indígena´, y veo con preocupación los resultados inesperados, no tomados en cuenta o contraproducentes si esto se realiza sin la suficiente explicación y discusión —lo cual no significa confrontación— de las justificaciones para hacer a Guatemala un país con un sistema jurídico escrito en paralelo con otros orales.

APROBAR EN FORMA apresurada estos criterios tiene entre sus consecuencias, el desprestigio de quienes los han apoyado tanto dentro como desde fuera, como es el caso de los países europeos a través de sus gobiernos u oenegés patrocinadas por ellos, sin tomar en cuenta ni analizar las motivaciones ideológicas de sus integrantes, ni el conocimiento de la realidad guatemalteca, cuya complejidad es proverbial. Debido a la manera emotiva y poco reflexiva de presentar el tema, ha faltado explicar las motivaciones, las bases socio-económico-culturales. De nuevo se ha llegado a la dicotomía de “quien no está conmigo, está contra mí”. Los críticos, cuando se han manifestado, lo han hecho en condiciones similares de confrontación.

LA FALTA DE DEFINICIÓN de los términos es un hecho. Para ello es necesario recurrir al mejor glosario de todos: el Diccionario de la Lengua Española. Por ejemplo: al usar palabras como castigo, territorio, indígena (o maya), ladino, extranjero, cuyos significados distintos son fuente de complejizar todo delito, crimen o falta. Se le pedirá a los guatemaltecos posteriormente aprobar esos cambios en una consulta popular dentro de un tiempo aun no especificado, pero si no se conoce el significado, ni los efectos, el previsible e inevitable resultado será un rechazo a causa de la participación mínima, como ocurrió con los cambios constitucionales aprobados en los acuerdos de paz.

LOS PAÍSES INTERESADOS TIENEN en algunos casos, pueblos de raíces culturales distintas. Suecia, Noruega o Estados Unidos. Este último puede asesorar cuál es la distinción entre el sistema legal federal o estatal con el empleado con los sioux, los navajos, etcétera, dentro y fuera de las llamadas “reservaciones” —a mi criterio lamentables— y los otros dos con los nórdicos lapones. Sería una ayuda buena, creo. Y si no hay esa distinción, explicar por qué en Guatemala según ellos son necesarios, y cómo se debe informar a los grupos mayas de las limitaciones y reglas. Estos países, de seguro están conscientes del riesgo de darle carta blanca a los diputados para aprobar cambios adicionales, de motivación dudosa.

PARA LA VIDA PRÁCTICA, SE DEBE conocer con exactitud cuántos estilos ancestrales de justicia serán tomados en cuenta y, sobre todo cómo hacer para escoger cuál de esos será el empleado cuando ocurra lo inevitable: conflicto entre personas de distinta etnia maya, o entre un maya y un ladino, o entre dos grupos étnicos y un ladino, o los conflictos a causa de la propiedad de casas o terrenos. Pero lo más necesario es saber en cuáles departamentos regirán los criterios de la tradición oral, y cómo se hará cuando coincidan dos tradiciones distintas en un área porque hay dos etnias. Tener todas estas tradiciones mezcladas en todo el país, más el sistema jurídico escrito común en la cultura occidental, constituye la mencionada caja de Pandora.