Opinión

Imagen es percepción

Sin puntualidad es imposible tener buena imagen

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

La “hora chapina” es una frase utilizada en Guatemala, como sinónimo que indica la posibilidad de no regirse estrictamente a la hora pautada, es decir es un contravalor de puntualidad. Se ha vuelto una mala costumbre, incluso para los organizadores de eventos, que citan a la gente, para una hora y nunca empiezan a tiempo, lo que está contribuyendo a fomentar una sociedad diseñada para que no se respeten las normas.

La tendencia de aducir que la gente nunca llega a tiempo y que por eso hay que darles “chance o un margen de sesenta minutos más”, educando indirectamente a las personas para la impuntualidad. Además de ser una gran falta de respeto para los que sí cumplen con los horarios. Al final lo único que se está logrando, es que los puntuales ya no quieran serlo, porque saben que su esfuerzo por llegar a tiempo es inútil.

Es triste que en lugar de fomentar la exactitud, se promueva lo contrario, es decir, prefieran iniciar tarde los eventos para complacer a los impuntuales que honrar a quienes sí cumplen con los tiempos establecidos. Si se respetaran los horarios se reeducaría a la gente y habría una reacción en cadena, logrando cambiar este pésimo hábito. Nunca es tarde para erradicar una mala costumbre, sobre todo sí se está promoviendo grupalmente.

Lo extraño es que la hora chapina en lugar de ser repudiada, sabiendo que nos genera mala imagen como país, está siendo tomada como un chiste o broma. Olvidando que la puntualidad es el reflejo del interés, si la persona es exacta, muestra una imagen organizada, eficiente y dispuesta. Mientras que la persona impuntual proyecta ser irresponsable, mentiroso y despreocupado, incluso hasta haragán, porque da la impresión que nunca llega a tiempo por estar durmiendo y levantarse tarde.

Lo opuesto a la hora chapina, es la “hora inglesa” conocida así porque los británicos son personas que se caracterizan por su exactitud y la consideran como una virtud, por la que son admirados y reconocidos por todo el resto del mundo.

La puntualidad es diferente a nivel profesional que a nivel social, si hablamos de trabajo la puntualidad es “inglesa”, es decir nunca es permitido llegar tarde, deben respetarse las citas pautadas al pie de la letra, sobre todo el interesado en que se cierre un negocio. En países altamente desarrollados puede incluso suspenderse una gran negociación, si la persona llega tarde a las citas, porque la puntualidad es la primera impresión que trae consigo otras virtudes implícitas, como la diligencia, seriedad, verdad y formalidad.

Hay aspectos que siempre deben considerarse para llegar puntual a una reunión de trabajo, tales como el tráfico, el tiempo que tardará en parquearse, los filtros de recepción o cualquier otro imprevisto que debe contemplar, recuerde que en una cita de negocios más vale llegar treinta minutos antes, que un minuto después.

Si por cualquier razón ajena a su voluntad va un poco retrasado, máximo quince minutos, escriba un mensaje o llame por teléfono para explicar previamente. No ponga pretextos, solo dígalo, porque quienes están en la reunión sí pudieron llegar a tiempo, así que no hay justificaciones para no estar al mismo rango que los demás.

A nivel social el protocolo indica que cuando se reúne con otros en un restaurante, debe ser estrictamente puntual. Si es en una casa la reunión, podría atrasarse máximo media hora.

En cualquier evento profesional, social o familiar, en países donde se valora la puntualidad, estos iniciarán y terminarán a tiempo.

Si las personas que conforman una ciudad son puntuales, entonces se forma una sociedad organizada, que es eficiente, tiene interés y que empieza por respetar, valorando el tiempo de los demás.

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