Opinión

Registro akásico

Tan simple como zapatero a tus zapatos

Antonio Mosquera Aguilar

Editorial

El Ejército de Guatemala es una institución destinada a mantener la independencia, la soberanía y el honor de Guatemala, la integridad del territorio, la paz y la seguridad interior y exterior, estipula la Constitución Política de la República de Guatemala.

La seguridad se concreta en el goce íntegro de la libertad por parte de sus pobladores, por medio de neutralizar la agresión extranjera.

Un grupo de ignorantes de los asuntos militares sostienen que seguridad interna describe a labores de policía. Se montan en su macho y nadie los derriba. Nada más alejado del consenso en ciencias militares. El concepto se refiere a mantener indisputable al territorio controlado por el ejército frente a otra fuerza armada. La seguridad interna se concreta en un sistema de castros, o sea la distribución de los cuarteles, fuertes, aeropuertos militares, etc, a cargo de los comandos de regiones o zonas militares, además de tener preparado un orden de batalla para el caso de invasión extranjera, así como un sistema de inteligencia comprensivo y pertinente. Estos asuntos son los comprendidos en el concepto de seguridad interna.

Mientras tanto, la seguridad exterior se constituye por las labores para fortalecer la paz internacional por medio de misiones indicadas por las Naciones Unidas o de manera preventiva, al trabajo de inteligencia en el ámbito internacional. Actualmente se considera que asegurar la comunicación electrónica es una tarea donde el ejército aporta su esfuerzo para mantenerla indemne de ataques que pueden aislar al país. La vigilancia por radar también trasciende los límites fronterizos y está legitimada, pues sirve para advertir sobre nuevas amenazas, tal como el narcotráfico.

Como toda entidad pública, el ejército debe acudir en auxilio de la población cuando ocurran desastres. Para el efecto, debe mantener planes operativos actualizados, así como integrarse al sistema civil que coordina la atención a los afectados.

Viene a cuento lo referido por el anuncio de que, finalmente, la institución armada dejará las funciones de seguridad pública que le añadieron enemigos de la paz. En el Acuerdo sobre Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército en una Sociedad Democrática se está a favor de la profesionalización y capacitación especializada, entrenamiento, equipos y reconoce la importancia de las doctrinas militares.

De la misma manera se establece que debe haber “una sola Policía Nacional Civil que tendrá a su cargo el orden público y la seguridad interna”. Aquí el concepto debe entenderse en el ámbito de las ciencias policiales; es decir, se trata de las labores de prevención, disuasión, vigilancia, represión y corrección frente a actos que constituyan faltas o delitos.

En el gobierno pasado, en abierta violación de los acuerdos de paz se estableció una Policía de Investigación, remedo de la triste policía judicial del pasado. Varias oenegés y entidades internacionales se prestaron a ese juego maléfico, montado para oscurecer la corrupción. Afortunadamente, la Cicig se estableció en el país para fortalecer al MP. La acción profesional y eficiente que le ha imprimido el último comisionado, Iván Velásquez, neutralizó esa movida perversa.

Los ciudadanos honestos son testigos y saludan la transformación del Ejército de Guatemala al centrarse en su función esencial. No obstante, explicar las bases constitucionales no está de más, pues siempre ayuda a encontrar sentido a la institucionalidad para fortalecer la convivencia democrática.

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