Opinión

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Todo lo que compartimos

Rita María Roesch

Editorial

El gran escritor de ciencia ficción H. G. Wells diría que los países nórdicos se han adelantado 30 segundos en el tiempo. Ese paso adelante es evidente en la calidad de vida de sus habitantes. El sistema educativo tiene el propósito de desarrollar el potencial de cada niño, no “homogeneizarlo”, anulándole su creatividad. Algunos anuncios en la televisión no solo mercadean productos, sino generan reflexión en la teleaudiencia. Una querida amiga me mandó un espot de tres minutos creado por el Canal TV-2, de Dinamarca. El video lleva millones de reproducciones en Youtube. Se titula: All that we share. En español, Todo lo que compartimos. ¿Ya lo vio, estimado lector? Por si no lo ha visto lo comento hoy en este espacio, y si le interesa búsquelo en la web.

El video principia con un escenario que está vacío. En el piso se ven varios recuadros de líneas blancas donde grupos de personas se irán ubicando. Una voz masculina principia diciendo: “Es fácil poner a la gente en cajas”. Entran a escena dos grupos de gentes opuestas. Sus miradas no se cruzan. La voz explica: “Estos somos nosotros, y esos, son ellos” (un grupo se coloca en uno de los recuadros y otro grupo, en otro). La voz continúa: “Los que ganan mucho” (aparecen personas muy bien vestidas y caminan hacia su recuadro). “Aquellos que se tienen que ayudar” (entran hombres y mujeres en jeans y ropa sencilla). “En los que confiamos” (aparece un grupo de enfermeras y médicos), y “los que tratamos de evitar” (sale un grupo de pandilleros tatuados). “Los inmigrantes” (entran personas de tez morena) “y los que siempre han estado” (aparecen varias parejas típicamente danesas, de pelo rubio y ojos claros). “La gente del campo y los que viven en las ciudades y nunca han visto una vaca”, “Los religiosos y los seguros de sí mismos”, “Aquellos con los que tenemos algo en común y con los que no nos une nada”. El Clarinero susurra: “cada mico tiene su cajón. Parece que nada existe en común. Los prejuicios los separan”.

Luego aparece un hombre sentado al frente de todos los grupos. Les dice: “Bienvenidos. Les haré algunas preguntas. Algunas son personales. Espero que sean sinceros”. La cámara enfoca los rostros serios y ansiosos. La primera pregunta es: “¿Quién era el payaso de su clase?” La gente sonríe relajada. Varios hombres y mujeres se separan de sus grupos originales y se reúnen en el centro del salón. La segunda pregunta: “¿Quiénes son padres adoptivos?”. Otro grupo de personas se separa de su primer grupo y se juntan identificadas por lo que comparten. La voz confirma: “Vemos que la palabra —nosotros— ha empezado a surgir. Poco a poco los grupos se deshacen y se reagrupan. La voz narra: “Estamos los que creemos en la vida después de la muerte. Los que hemos visto ovnis. Los que nos gusta bailar. Los que hemos sufrido acoso y los que hemos acosado a otros. Nosotros, a los que nos rompieron el corazón y los que estamos locamente enamorados. Los que nos sentimos solos. Los que reconocemos el coraje de otros. Los que hemos encontrado el sentido de la vida, y los que hemos salvado vidas… ¡Entonces estamos todos nosotros, los que amamos al país! Quizás hay más cosas que nos unen de lo que pensamos”. La voz se detiene. La gente ya no está encasillada en los recuadros, sino que se abraza. Están felices y llorosos. El video termina con la foto del grupo fusionado y el lema: “Todo lo que nos une”.