Opinión

LA ERA DEL FAUNO

Un centro de torturas estatal

Juan Carlos Lemus

Juan Carlos Lemus

Ha de ser difícil eso de fijarse como meta diaria no morir. Comer. No ser violada ese día. Pasar la noche en un sitio más o menos seguro. Conseguir una pastilla para el dolor, ni siquiera como remedio. Es probable que una mayoría de lectores nos impongamos retos laborales, de placer, académicos, pero hay personas que tienen el reto diario de la sobrevivencia. Esa lucha por la vida va desde salir sin daños de un vientre materno golpeado y desnutrido, hacia un centro de torturas llamado hogar. Ya vendrán las primeras violaciones, los golpes, las humillaciones.

Esa niña que no fue deseada desde el vientre, que es violada por su padre, padrastro, hermano, primos, solo tiene como opción la calle, donde opera la ley del más fuerte. En las calles sobrevive el que domina o se somete. Hay proxenetas, consumidores y traficantes de drogas, políticos corruptos, diputados que los protegen, jueces y magistrados que protegen a los diputados, y el presidente que los protege y es protegido por los anteriores. A todos ellos no les importa lo que suceda en el inframundo. ¿En verdad, alguien cree que les interesa esa niña que, como 39 más, sobrevivió solo hasta la adolescencia?

En las calles, a donde las indeseables huyen, hay una sociedad acusadora que guarda cadáveres en su closet familiar, pero resulta buena para señalarlas. Personas hay que enfatizan la carencia de valores familiares como principal problema de la sociedad y están en contra de la educación sexual o la quieren cristianizada, tamizada por una moral reaccionaria en la que abundan pastores evangélicos y sacerdotes pederastas, hipócritas menesterosos de los asuntos espirituales.

En esas circunstancias, viene Jimmy Morales, a propósito de las 40 niñas calcinadas en el centro estatal de torturas Virgen de la Asunción, a decir que es importante la familia y los valores para evitar la desintegración. Él mismo tiene un hijo y un hermano detenidos por actos de corrupción. Tiene a sus financistas protegidos. Él mismo facilitó el fortalecimiento del núcleo familiar del crimen integrado por sus diputados de FCN Nación.

Qué difícil ha de ser el reto diario de vivir en esas circunstancias, en esa sociedad y sus calles, mar de miseria, donde se mezclan víctimas y victimarios de cualquier edad, pues no por ser menores son inocentes e indefensos, y no por ser pobres son drogadictos y mareros. En las calles sucede lo que en el Hospital de Salud Mental Federico Mora, que gracias a los jueces se juntan personas emocionalmente enfermas con criminales que violan a internas y dominan a los enfermos, bajo la tutela policial. En las calles, como en esas instituciones, incluido el centro estatal de torturas Virgen de la Asunción, ha de haber trabajadores abnegados compartiendo oficina o guardianía con psicópatas que deberían estar bajo vigilancia, no a cargo de otras personas. Esa mezcla la permite el presidente. Ahora, vienen los diputados a buscar un chivo expiatorio en el procurador de Derechos Humanos, Jorge de León Duque, quien ya había denunciado los abusos y pedido, meses antes, medidas cautelares de la CIDH. Es decir, los diputados, cuya lista de indeseables circula en redes, quieren tomar venganza personal. Además, aprovecharon el caos para favorecer una ley corrupta que favorece a los ganaderos e intentaron otra que les concediera amnistía por corrupción.

Cuando son centros de tortura el vientre, la casa, la calle, el hogar estatal, y 40 mueren calcinadas, en vez de exaltar la blancura de las conciencias cabe preguntarse por qué se tolera tanto abuso de diputados y gobernantes.

@juanlemus9