Opinión

Catalejo

Un desconocido criterio juvenil

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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A causa de su composición  poblacional de Guatemala en su calidad de país tercermundista, es posible señalar su división en dos mitades: la menor de 18 años, cuando se adquiere la ciudadanía, y la mayor de esa edad. Dentro de este segundo grupo, las personas de 65 años o más, ocupan alrededor del dos por ciento del total, y por ello del cuatro por ciento de los adultos. Quienes nacieron entre 1945 y 1950 ya encajan en el concepto de adultos muy cercanos a la senectud, es decir, el período siguiente a la madurez. Esta senectud, a causa del tener entre sus ingredientes el factor de la experiencia de vida, es preciada en las culturas orientales. Pero en nuestro ambiente, aunque sea poco percibida, es distinta, al confundir lo joven con lo adecuado.

Por aparte, se presentan factores como el abandono, por no decir rechazo, de principios éticos —necesarios para definir lo bueno y separarlo de lo malo— unido a criterios de exacerbación del concepto de libertad y de cómo se aplica en la vida social, llena de elementos individuales pero constructores de una individualidad común. El todo se vale, porque no hay principios, lleva al libertinaje en todas las actividades humanas, incluyendo el ejercicio de la política y de los derechos individuales, estos últimos llevados en la práctica a situaciones vergonzosas, por decir lo mínimo. El complemento nefasto de todo es la falta de educación y entonces de analfabetismo de principios. Esto tiene representación clara en la práctica de la política.

Dentro de pocos días terminará los primeros 17 años de este siglo. En otras palabras, muchos llegarán a la mayoría de edad. Podrán votar y en las elecciones del 2019 el padrón tendrá un porcentaje significativo de jóvenes de 18,19 y 20 años. Si a esa se agrega la de quienes tienen entre 20 y 25 años, el porcentaje de votantes de este grupo poblacional llegará a 30, y sin duda será mayoritario respecto a quienes tienen 40 años o menos. Esta cifra es importante porque se trata del sector poblacional vetado constitucionalmente para ejercer el cargo de Presidente de la República. El proceso político, las campañas, los mensajes, etcétera, de quienes aspiren a ese cargo, deberán tomar en cuenta no sólo la edad, sino el mundo donde ellos viven, gracias a la tecnología.

Esta generación mayoritaria, gracias a la tecnología en sus manifestaciones de comunicación informativa y noticiosa de toda clase, se han vuelto no sólo más conocedores sino más críticos. Sus exigencias son más sólidas y tienen la ventaja de no haber vivido en tiempos de riesgo de muerte ante la expresión de ideas. Es evidente la decisión de los representantes y complacientes de la Vieja Política, de luchar denodadamente para evitar el cambio exigido por determinados sectores sociales, sobre todo etarios, por múltiples razones, muchas de ellas evidentes. Es evidente además la integración de personas de menos de 40 años al ejercicio político basado en los mismos abusos. Por eso es interesante darse cuenta de las diferencias entre jóvenes.

La batalla por dar corrección política a la práctica de la política, es entonces fundamental. Si esa generación no se manifiesta, si simplemente se aburre, el futuro del país no existe. Punto. Todas las mediciones de la condición social y económica de los guatemaltecos demuestran el desastre dibujado en el horizonte nacional. Ya ha sucedido antes y también la juventud ya se pronunció en otros momentos históricos. Como siempre, la paradoja, la ironía es la necesidad de escuchar a la experiencia de los senectos y de los ancianos, para evitar el fracaso de un nuevo experimento socio-político-económico basado en la necesidad de comenzar el cambio de la geografía social del país: unos pocos en la cima y la mayoría en la sima del barranco de la profunda desigualdad.