Opinión

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Urge planificar nuevos puentes

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

MUY POCOS GUATEMALTECOS recordamos cuando no existían los puentes Olímpico y Belice, en los primeros años de la década de los cincuenta. Era necesario dar amplios rodeos para pasar de la zona 4 a la zona 5, a causa del barranco donde fue construida la Ciudad Olímpica y el estadio Doroteo Guamuch. La salida de la capital hacia el oriente se realizaba por medio del ferrocarril, al no existir la carretera al Atlántico, y la base militar Mariscal Zavala estaba separada de la ciudad debido a otro barranco. El puente Belice era la obra indispensable para facilitar tanto la integración citadina al resto del país, como la valoración de los alrededores de la zona 6.

UN POCO MÁS DE una década después, se produjo una integración citadina similar como resultado de la inauguración del puente El Incienso. Por supuesto, las condiciones del tráfico de vehículos de esos entonces eran distintos a los de ahora, y a ello se agrega el factor del efecto tapa en los efectos del paso del tiempo, aumentados a causa de una casi segura despreocupación de las municipalidades para el mantenimiento. A nadie debe extrañar entonces las advertencias, por desgracia poco conocidas, de la necesidad de construir, previa planificación adecuada, no solo varios puentes adicionales para diluir el ingreso y salida de la ciudad, pero también a diseñar un extenso plan de carreteras cuya meta sea eludir el paso por la capital.

DE ESTO SE HA HABLADO mucho, pero no hay resultados concretos. En el caso del puente Belice, los residentes en las precarias casas situadas bajo la estructura se sienten atemorizados a causa de los “retumbos” escuchados sobre todo por las noches. Cada día cruzan esa obra unos 70 mil vehículos. Japón donó equipo para hacer análisis del estado actual de los materiales, pero no se hecho nada por razones diversas. Adicionalmente, hay pocos motivos para no sentir preocupación adicional: será el actual Ministerio de Comunicaciones el encargado de todo, lo cual no sólo implica aumentar significativamente el peligroso atraso del inicio, como resultado de temores, incapacidad o nombramiento de personas sin la preparación suficiente.

EL PUENTE BELICE ES LA yugular de la capital. No es necesario su derrumbe: con sólo dejarlo fuera de servicio a causa de rajaduras, por ejemplo, la ciudad quedaría prácticamente desconectada con el oriente del país y el norte del país: si bien hay algunas rutas de posible utilización, son vías antiguas en su construcción y trazo, no preparadas para el paso masivo de transporte pesado. Por ello, su reparación es urgente, pero no suficiente, y el primer objetivo llevar a cabo tareas de fácil realización y con estudios ya realizados. El factor tiempo está en contra y por ello el inicio debe ser lo antes posible. Es necesario señalar esto con vehemencia porque 58 años de uso y al menos veinte veces más de vehículos son realidades indiscutibles.

LA PLANIFICACIÓN DE MÁS puentes en la ciudad debe ser parte del necesario proyecto de Estado para construir rutas para evitar el paso por la capital, como es el caso de la carretera Sanarate– Xenacoj. El asunto es complicado, no solo por razones de propiedad de tierras sino también geográficas. Los puentes resultan ser la mejor solución para acortar distancias, lo cual implica ahorro de tiempo, de combustibles, etcétera. La capital y su área metropolitana no sólo son el centro político, económico y de población, sino está localizada en una especie de “isla” a donde confluyen las rutas para la comunicación de los cuatro puntos cardinales. Este tema sobrepasa los intereses politiqueros, por ello, en la actualidad, puede quedar en el olvido.