Opinión

Ventana

Viaje en el tiempo maya

Rita María Roesch

Rita María Roesch

La mejor noticia de Guatemala  en estos últimos días   es el sorprendente hallazgo de las ciudades mayas enterradas  en la Biosfera Maya, ubicada en el  norte del departamento de Petén.  El descubrimiento  fue presentado por los respetados   arqueólogos  Marcello Canuto y Francisco Estrada-Belli, exploradores  de National Geographic e investigadores asociados a  la Fundación Patrimonio Cultural y Natural Maya (Pacunam), que es una  asociación financiada por la iniciativa privada y donantes extranjeros.    En los dos últimos años,  los estudiosos   utilizaron la nueva  tecnología LiDAR, (Laser Imaging Detection and Ranging),  Detección y medición de imágenes con láser para escanear, 2.100 km²,  y  penetrar el manto forestal, sin hacer daño alguno,  para  encontrar algo grandioso ¡más allá de lo imaginado! Descubrieron   cientos  de  estructuras  que datan de  más de 1,500 años  y que  comprenden desde  centros ceremoniales hasta palacios, terrazas, sistemas de drenajes,  una compleja  red de calzadas que conectaba a las ciudades en toda esta región. Los arqueólogos estiman  que en el período de mayor auge  la  zona pudo  contar con una  población de más de 10 millones de habitantes. Este descubrimiento revela el   nivel cosmopolita alcanzado por la milenaria cultura del maya.

Sugiero a los guatemaltecos no perderse la documental Los tesoros perdidos de los mayas, que narrará este gran descubrimiento, en el canal de National Geographic, el domingo 11 de febrero, a las 20 horas. Su difusión llegará a más de 170 países. Desde hace años he comentado en mis columnas que las ciudades mayas “espejeaban el universo”. Me refiero a que “construyeron sus magníficas ciudades de acuerdo al mapa del cielo”, agregó el Clarinero. Para el maya antiguo todo estaba conectado, desde la hormiga hasta la Vía Láctea, que fue representada por una ceiba gigantesca llamada Wakah Chan o árbol del mundo. Creo que, ahora, el gran desafío para los chapines es descubrir qué constelación, o qué parte del cielo, fue la inspiración que originó el diseño de estas grandes ciudades que fueron escaneadas como Tikal, el Zotz, La Corona-Achiotal, Holmul, Naachtun, Uaxactún, Xultún-San Bartolo, El Perú-Waka y el Tintal. Luego de que se conozca cómo coincide el universo con las ciudades mayas, estoy segura de que visitantes del mundo entero querrán vivir la experiencia de “viajar en el tiempo maya”. Es fundamental prepararnos para dar a conocer esta antigua cosmovisión. Hago hincapié en que la cultura maya debería ser un aliado para nuestro desarrollo.

De acuerdo con las investigaciones de la arqueóloga Dra. Marion Popenoe de Hatch, las constelaciones como la Osa Mayor, Eta Draconis y Orión influyeron en la construcción del sitio Tak’alik Ab’aj, en la Costa Sur. Los mayas no construyeron sus magníficas ciudades al azar. Sus templos, como también los volcanes y los cerros —geografía sagrada— fueron utilizados como marcadores gigantescos para señalar los solsticios, los equinoccios, los ciclos de los planetas. Me imagino lo increíble que sería construir un planetario en la ciudad de Flores que fuera similar al complejo arquitectónico de Uaxactún, donde se registra el paso del tiempo. Los visitantes nacionales y extranjeros, antes de emprender sus aventuras hacia el corazón de la selva, podrían familiarizarse con “el camino del sol” y celebrar los solsticios y equinoccios como el maya lo hizo. Ojo: La Biosfera Maya es un santuario natural y cultural, ¡protejámosla! Su mayor tesoro es ofrecerle al mundo esa experiencia única. Viene a mi mente el sabio comentario del Dr. Richard Hansen, a quien los guatemaltecos debemos la conservación de la Cuenca Mirador en la Biósfera Maya, cuando dijo: “abrir una carretera en una reserva natural es como darle un beso de muerte a la selva”.

clarinerormr@hotmail.com