Opinión

Ventana

Viaje por el “Caracol del Tiempo”

Rita María Roesch

Rita María Roesch

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Mayas Rita maría roesch

En el 2013, Christa Schieber de Lavarreda y Miguel Orrego me contaron que “tenían un sueño de nación”. Este era la construcción de un museo de sitio que completaría la función del Parque Arqueológico Tak’ alik Ab’aj (TA), ubicado en el municipio de El Asintal, en Retalhuleu. El nombre que le pusieron evoca nuestro peregrinaje por la vida: “El Caracol del Tiempo”. La construcción fue iniciada en el 2008. El arquitecto Alejandro Flores desarrolló los planos. Sin embargo, poco tiempo después, el proyecto fue suspendido porque los fondos, por problemas administrativos del gobierno de turno, no se entregaron en su totalidad. En el 2012 el entonces presidente Otto Pérez Molina ofreció a Christa y Miguel entregar los Q7.1 millones que se necesitaban para concluir la construcción, pero sus palabras se las llevó el viento. Esa primera fase inconclusa del museo, hoy, se está derrumbando. ¿Qué hacer? ¡El gran sueño de Christa y Miguel debe seguir!, exclamó el Clarinero. ¿Por qué?

Para los arqueólogos, el museo de sitio completa la función de un parque arqueológico. Puede contribuir como un modelo nacional para atraer turismo chapín y extranjero. La sinergia entre el parque y el museo puede generar alianzas con las comunidades del municipio, con las empresas y fincas de la región y con el Estado, para impulsar pequeños negocios que promuevan las artesanías y toda clase de actividades culturales y ecológicas que preserven ecosistema con su biodiversidad. En Canadá, Costa Rica y Bután existen modelos similares. Bután es punta de lanza en el campo del turismo sostenible. A quienes viajan a este país se les exige permanecer como mínimo tres días en hoteles no menores de tres estrellas. Deben comprobar que tienen un guía contratado y pagan una tarifa por persona cada día para asegurar la economía sostenible del reino. Guatemala podría hacer algo semejante si disminuimos los índices de violencia y corrupción. Necesitamos valorar nuestra cultura ancestral y nuestro entorno natural. ¿Difícil? Sí, pero no imposible.

El museo de sitio expande la experiencia del visitante. En el caso de TA, el visitante “viajaría por el Caracol del Tiempo”. Descubriría su historia fascinante, que abarca 1700 años. Las investigaciones evidencian que fue un poderoso centro de desarrollo intelectual, artístico y comercial. Formó parte de las rutas de comercio de larga distancia, desde el Istmo de Tehuantepec hasta El Salvador. En sus orígenes, mil años antes de Cristo, compartió patrones culturales con los olmecas de la Costa del Golfo. Posteriormente la visión de una nueva cosmología dio paso al surgimiento de la extraordinaria cultura maya temprana, 400 años antes de Cristo.

Christa comenta: “Los tesoros descubiertos en TA son innumerables. Existen muchos objetos que dejaron sus antiguos habitantes pero no pueden exhibirse en los senderos del parque. Las vasijas elaboradas para sus alimentos y bebidas, los utensilios que usaron para su preparación como los metates, las joyas que ostentaron los gobernantes, nos cuentan de una manera más íntima el estilo de la vida de sus antiguos dueños. Necesitamos un espacio adecuado para poder exhibirlas y protegerlas”.

Espero que el ministro de Cultura y Deportes, José Luis Chea Urruela, considere la importancia de dejar como legado este museo valioso. Las donaciones privadas provenientes de quienes poseen fincas en la región serán bienvenidas. Quienes anhelamos el surgimiento de una nueva Guatemala confiamos que en un futuro cercano circulará en los medios digitales la conversación siguiente: “Queremos ir al Caracol del Tiempo en el Parque Arqueológico de Tak’ alik Ab’aj. ¿Pero dónde queda? Está en un bello país, en la cintura de América que se llama Guatemala”.

clarinerormr@hotmail.com