Opinión

Punto de encuentro

Violencia y exclusión: el círculo perverso

Marielos Monzón

Marielos Monzón

¿Quiénes son esos jóvenes que están en prisión? es el título del reportaje de Geldy Muñoz, Glenda Sánchez y Christian Martínez, tres periodistas que forman parte de la iniciativa Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP) en temas de seguridad y justicia.

Su trabajo es una impecable radiografía de la situación de vulnerabilidad a la que se enfrentan miles de niñas, niños y adolescentes en Guatemala, a quienes se les han negado derechos elementales desde el día que nacieron.

Además muestra la otra cara de la moneda, está enfocado en las causas que provocan la exclusión, en el alto riesgo que corren por las condiciones precarias y violentas de su entorno —que aumentan el poder de los grupos criminales sobre ellos—, y en la actuación de un Estado que aparece solamente para reprimir y, muy pocas veces, para prevenir a través de políticas públicas que ataquen el problema de raíz.

Este reportaje también hace énfasis en la estigmatización que sufren las y los jóvenes y adolescentes por vivir en lugares de alto riesgo o “zonas rojas”. Por su lugar de residencia se les considera “peligrosos” y se les cierran las puertas en los trabajos y centros de estudio, como explica Francisco Iznardo, coordinador del Proyecto Belice, una iniciativa educativa y laboral que se dedica a la atención de la niñez y juventud en riesgo.

“Más que el reflejo de los crímenes que han cometido, los rostros de los jóvenes detenidos son el retrato de un Estado que descuida a sus ciudadanos”, señala el reportaje. Por eso asusta e indigna que “nuestros” políticos se empeñen únicamente en aprobar leyes para crear nuevas figuras penales, endurecer los castigos y las penas (claro, no para los delitos de corrupción en los que ellos están implicados) utilizando el populismo penal para ganar la simpatía de la población, cuando saben perfectamente que el problema de la violencia requiere de soluciones integrales y que su abordaje no puede ser únicamente represivo.

La ecuación es bastante simple: o se invierte en educación, salud, espacios para el deporte y la recreación y en trabajos dignos, o seguimos en este círculo vicioso de la violencia hasta el infinito, que continuará teniendo en la precariedad y la exclusión su caldo de cultivo. Como están las cosas, nuestros jóvenes seguirán migrando en busca de mejores condiciones de vida o permanecerán en una situación de extrema vulnerabilidad que les coloca a merced de las bandas del crimen que acechan las calles de sus barrios.

Porque como dicen Glenda, Geldy y Christian en su reportaje, detrás de esos rostros y de la violencia cotidiana, lo que se refleja es un Estado y una sociedad que han decidido ver para otro lado y han dejado a sus niñas, niños y adolescentes en el abandono permanente o refundidos en cárceles que no cumplen su objetivo primordial de reinserción.

Podremos seguir inundando los medios y las redes de mensajes de odio y sacarnos la rabia sugiriendo acabar la violencia con más violencia, y lo único que obtendremos son los mismos resultados. Y que se entienda que no estoy hablando de falta de castigo para quien comete un delito y viola la ley, lo que digo es que sin prevención y políticas públicas integrales los resultados serán siempre los mismos.

Estos jóvenes que han cometido delitos muy graves fueron alguna vez pequeños niños y niñas abandonados, maltratados, violentados y marginados, a quienes se les negó el derecho a comer y a estudiar. ¿Se termina el problema refundiéndolos en los reclusorios? ¿No sería más sensato poner el máximo esfuerzo para evitar que lleguen hasta ahí?

marielosmonzon@gmail.com