Opinión

Editorial

Vulnerabilidad del país es causa de tragedias

Editorial

Editorial

Archivado en:

Deslaves Editorial

Ni siquiera ha transcurrido un mes de iniciado el invierno y las noticias sobre sucesos lamentables ocupan la atención de los guatemaltecos, como la tragedia registrada ayer en San Pedro Soloma, Huehuetenango, en la cual perdieron la vida al menos 11 personas, al quedar sepultadas por el derrumbe de un cerro sobre la carretera principal del lugar.

Cada invierno, invariablemente, es sinónimo de muerte en algunas regiones, ya que no existen las condiciones para prevenir hechos lamentables, en muchos casos porque la infraestructura vial está hecha de manera precaria o corrupta y las obras no cuentan con mínimos requisitos de calidad y seguridad.

El trozo del cerro Wachuná que ayer cayó sobre un microbús, cuyos ocupantes murieron en el acto, ejemplifica el enorme riesgo que se corre en muchos tramos carreteros del país, en los cuales el descuido es evidente, pues existen enormes trayectos literalmente bajo montañas amenazantes y por ello en cada época lluviosa se produce este tipo de sucesos lamentables.

Desde hace décadas, la construcción de carreteras ha sido fuente de corrupción, y a ello se debe que grandes trayectos estén cubiertos por piedras, como señal de prevención, en el mejor de los casos, y en otros los conductores asumen el riesgo de viajar por esas vías, como se constata en la ruta Interamericana, quizá la que mayores cicatrices presenta como testimonio de la corruptela.

Hechos trágicos como el registrado ayer en Huehuetenango también evidencian la precariedad del aparato público, con dependencias gubernamentales que apenas cuentan con recursos para atender urgencias focalizadas y sería verdaderamente dramático que ocurriera una emergencia nacional, porque no se podría responder de manera adecuada ante esta, dado que los recursos se destinan mayoritariamente a cubrir operaciones.

Con cada invierno afloran no solo las penalidades de las autoridades respectivas, sino también la precariedad y vulnerabilidad del territorio nacional, pues en varios departamentos se observan severos daños a la infraestructura cuando apenas van dos semanas de lluvias, como se puede constatar en San Marcos, Retalhuleu, Sololá o Suchitepéquez, cuyos vecinos deben recorrer largos trayectos a pie, debido a la destrucción de las vías.

Es claro que tanto las autoridades nacionales como las locales deben cambiar de mentalidad y enfocar las inversiones en proyectos orientados a mitigar los riesgos en zonas vulnerables. Debe haber más eficiencia y responsabilidad en la construcción de obras, pero también es urgente priorizar aquellas que contribuyan a facilitar el tránsito con seguridad, en vez de proyectos sospechosos de drenar recursos públicos.

Es lamentable que año con año se registren tragedias como la ocurrida ayer y que se ignoren las advertencias sobre zonas de riesgo o los reiterados avisos de lo vulnerable que es Guatemala a las variaciones climáticas, y lo ratifican los números reportados por Conred en lo poco que va del invierno, que cifra en miles el número de personas afectadas por un invierno que apenas comienza.