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15/12/10 - 02:09 Opinión

Los pactos éticos entre políticos

El reciente llamado del Tribunal Supremo Electoral para que los partidos políticos suscriban un pacto de ética es una acción no solo positiva sino explicable y urgente en el escenario nacional. Sin embargo, es importante hacer algunas consideraciones acerca del significado de la firma de un documento semejante, cuyo fin debe ser el establecimiento de criterios comunes para definir la corrección en las actividades relacionadas con las elecciones generales.

EDITORIAL

A decir de la licenciada María Eugenia Villagrán, presidenta del TSE, los partidos no presentaron ningún cambio o adición a la propuesta de la entidad reguladora de las actividades comiciales. No se ha mencionado nada específico respecto de la fecha de la firma del pacto, pero parece ser que será en enero.

Un compromiso ético es un decálogo cuya característica principal es la voluntariedad de quien lo suscribe. Por eso puede ser oral u escrito. No puede tener sanciones a quien lo rompe, porque de ser así se convierte en una ley o al menos en un código deontológico; es decir, al que alguien se adhiere conscientemente y acepta las sanciones por no cumplirlo.

Las consideraciones básicas respecto de los acuerdos de este tipo es que quien los firma, obviamente debe ser alguien que cumple con la ley, porque desobedecerla o retorcerla, además de ilegal, es incorrecto. Entonces, si prácticamente todos los partidos políticos, sobre todo el oficial, tienen muchos meses de desobedecer la ley electoral en cuanto a la propaganda partidista, un pacto ético está cerca de convertirse en un papel sin ningún tipo de valor.

Un convenio es eminentemente personal, no institucional. Los políticos pueden adherirse o no, pero no tiene sentido que condicionen su apoyo a que lo hagan los demás, como lo han indicado representantes lideristas y patriotistas, en representación de sus agrupaciones partidarias. Algo no es bien hecho solo porque se haga en conjunto: la corrección deriva del análisis del acto en sí. El hecho de que los políticos del partido oficial no hayan respondido afirmativamente a integrarse solo puede ser considerado como una comprobación de que mantendrán la línea de actuar al margen de las leyes electorales.

Un pacto ético político basa su fuerza en la obligación moral autoinfringida de actuar sin chanchullos, sin campañas negras, sin mensajes insultantes, y sin ninguna otra de las lacras que en las últimas elecciones han generado decepción entre muchos votantes. Firmarlo y luego romperlo pone en mayor riesgo al sistema partidario y en cierta forma a la misma democracia electoral, que seguirá siendo considerada como una cualidad, porque cada cuatro años los errores del gobierno de turno provocan el cambio de partido oficial.

Los políticos deben firmar el pacto propuesto por el TSE convencidos de cumplirlo, pero ello implica un cambio radical en la forma como actúan. Negarse a firmarlo solo confirmará su mala imagen entre los ciudadanos. Con esta sugerencia el TSE se afianza como una institución que en un cuarto de siglo ha actuado de manera plausible.

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