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01/02/13 - 03:17 Opinión

El papel ciudadano contra la violencia

La jornada del miércoles fue una de las más violentas y les hizo recordar a muchos los peores momentos del conflicto armado interno cuando tuvo como escenario la capital. El caos reinó por varias horas y el resultado fue de 10 personas asesinadas, entre ellas dos agentes de la Policía y un guardia de Presidios, además de víctimas de extorsiones. Ello obliga a pensar en serio acerca de cuál es el papel de la sociedad, como un todo, para defenderse de los criminales.

EDITORIAL

La delincuencia, organizada o no, ataca a mansalva no solo a las víctimas directas e indirectas. También lo hace contra la sociedad misma, cuyos integrantes alejados de la criminalidad están a merced de grupos delictivos o de antisociales individuales que actúan sabedores de la incapacidad de las autoridades para controlarlos, pero también de la impunidad con que los premia este factor, en combinación con la derivada de un sistema judicial deficiente y muchas veces corrupto.

Algunos tipos de crímenes son especialmente notorios, como es el caso de los femicidios, los asesinatos de conductores de autobuses urbanos y la criminalidad que se convierte en una macabra parte de la realidad cotidiana y llega a ser considerada inconscientemente como “de baja intensidad”, como por desgracia se han convertido estos hechos contra quienes se ganan la vida realizando la importantísima tarea de llevar a los ciudadanos a sus trabajos o centros de estudio.

La ya mencionada inefectividad de las autoridades y del sistema judicial contribuye a que los guatemaltecos hayan afianzado una personalidad colectiva sumisa, sin deseos de rebelarse, característica que explica la virtual aceptación de varias lacras, entre ellas la burla a las leyes y la corrupción de los políticos. Ahora parece haberse ampliado el campo de acción delincuencial. El resultado es fácilmente previsible: la ingobernabilidad y la imposibilidad del funcionamiento social.

Pareciera innecesario recordar que “los buenos son más que los malos” y que “para que los malos triunfen, solo se necesita que los buenos no hagan nada”, pero hay que hacerlo. En el caso de la capital guatemalteca, la defensa ha sido convertir a las colonias residenciales en verdaderas ciudades amuralladas, a las cuales solo se puede entrar si en los puestos de ingreso se identifican los visitantes. Otra medida ha sido rodear los frentes de las casas con alambre de púas electrizado. Todo ello contribuye a que se mantenga o aumente el estrés cotidiano.

El sistema de justicia tiene el papel más importante para convencer a los ciudadanos de participar personalmente en el combate de la delincuencia, y eso se puede lograr a través de denunciar a los criminales. Nadie querrá hacerlo si en ello pone en riesgo su vida. Por eso, la erradicación de ese flagelo comienza por atacar las raíces, que se encuentran sobre todo en la inefectividad del aparato de seguridad. Mientras ello no ocurra, la lucha contra los malhechores solo tendrá victorias superficiales, a un alto costo de vidas y de gastos.

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