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14/11/12 - 02:48 Opinión

El patrimonio arquitectónico

El Gobierno debe formalizar la declaración hecha ayer por el ministro de Comunicaciones, en referencia a que el patrimonio histórico arquitectónico afectado por el terremoto de hace una semana debe ser cuidadosamente examinado antes de ordenar su demolición, que de hecho se puede convertir en una tragedia peor que la del sismo.

EDITORIAL

No se debe repetir uno de los efectos colaterales más lamentables del terremoto de 1976, que acabó con el entorno del conjunto arquitectónico del altiplano nacional, que le daba a los poblados belleza y sello dignos de admirarse. Esto fue muy notorio en el caso de las iglesias, algunas de dos o tres siglos, que fueron demolidas, en algunos casos sin necesidad y cuya reconstrucción se hizo sin un plan y sin la participación de expertos que opinaran al respecto.

Solo una semana ha pasado y ya hay necesidad de advertir al Gobierno de su responsabilidad si no detiene la demolición de los edificios ancestrales. No es el caso de las casas de habitación, que por el hecho de ser viviendas pueden tener necesidad de decisiones más urgentes. El valor histórico de la arquitectura es cultural y, por tanto, intangible. Tiene una manifestación muy práctica: el caso de Antigua Guatemala es emblemático en este sentido, aunque los edificios estén destruidos en su mayoría, son un atractivo para visitantes guatemaltecos y extranjeros.

Una demolición es, en términos de arquitectura, lo que una pena de muerte es para un ser humano. Por eso la decisión no se debe dejar a personas incapacitadas de comprender este concepto o carentes del conocimiento necesario. La restauración y protección de edificios históricos constituye una especialidad de los estudios de la Arquitectura.

En muchos países donde el patrimonio arquitectónico cultural es parte básica de la nacionalidad, sobre todo europeos, edificios dañados por el paso del tiempo han sido apuntalados o se han encontrado otras formas para mantenerlos en pie. Es caro, sin duda, pero de esa manera se rescata la conexión con la historia y con esto se afianzan los valores.

En general, el proceso de demolición y de reconstrucción debe realizarse con un plan. En este momento no se sabe si existe alguno ni cuáles son los criterios del Ministerio de Cultura. No es cuestión legal, como señaló la viceministra del ramo, porque es muy distinto que las leyes permitan hacer algo, como en este caso es el estado de Calamidad, y otra distinta el que sea obligatorio hacerlo o que sea ilegal no hacerlo.

Después de la pérdida de vidas humanas, la pérdida del patrimonio cultural es lo más lamentable, porque no se recupera. Salvar vidas y salvar edificios históricos tiene, de hecho, la misma justificación porque las personas y la arquitectura de este tipo son parte del alma del país. Es necesario que en este criterio exista unanimidad para aceptarlo.

Este editorial desea indicar la complejidad que conlleva efectuar todos los trabajos relacionados con levantar una región afectada por un terremoto. Requiere conocimientos diversos que deben ser mezclados a fin de mejorar lo que se debe mejorar, pero no destruir lo que es salvable en cualquier tipo de tema.

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