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Prensa Libre

16/12/10 - 00:00 Opinión

La pena de muerte y la guerra

En ningún momento se debe aplicar como castigo la pena de muerte. Es algo que el Estado debe evitar. Algo que ni siquiera puede ser pensado. Por el año 2008 se me invitó para asistir a un programa en televisión, en donde lo que se trataría era polemizar sobre la pena de muerte. Me parece que éramos siete o más personas. Todos del sexo masculino. Sólo yo de mujer. Todos los varones estaban de acuerdo con la pena de muerte.

MARGARITA CARRERA

Cuando se empezó a discutir, sentí mi enorme desventaja. Primero, no estaba acostumbrada a dar mis opiniones frente a la televisión. Cuando escribo y estoy sola conmigo mismo, mis ideas fluyen y alguien oculto dentro de mí me dicta lo que voy escribiendo. De modo que ante las cámaras dije unas cuantas palabras apoyadas en el humanismo y explicando por qué no creo en la pena de muerte Los varones, ninguno humanista, me atacaron.

Traté de defender mi punto de vista. Imposible. Cada vez me fui sintiendo más y más pequeña. Sabía que estaba en lo correcto, pero no sabía qué argumentos aplicar, a no ser acudiendo a los grandes humanistas y a la figura de Jesucristo. Una postura filosófica, ética y a la vez religiosa. Me di cuenta de que, aunque digo no tener religión alguna, apoyo el cristianismo auténtico. Me inclino por aquellos seres que saben escuchar, razonar, evaluar y hacer justicia sin acudir a la violencia.

Enemiga de cualquier guerra que tiene como líder a varones, porque son los varones quienes inician las guerras, desde la guerra de Troya: “Canta, oh diosa, la cólera del pelida Aquileo; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes a quienes hizo presa de perros y pasto de aves…”.

Guerra infernal, pero cantada de manera sublime por Homero. Lo mismo que La Odisea. Siglos más tarde, en el mundo heleno, la guerra es rechazada y surgen los primeros grandes humanistas y filósofos; Sócrates y Platón. Pero el sabio Homero nos prepara desde el inicio de La Odisea a sentir repugnancia por las atrocidades que cometen aquellos varones que abusan de la hospitalidad en la casa de Penélope, esposa de Odiseo. Pero al mismo tiempo nos muestra el recato y rectitud de ella. Al final, cuando Odiseo mata a todos los pretendientes, no podemos dejar de repudiar la espantosa matanza.

A través de la historia de la humanidad, notamos que son pocas las mujeres que se convierten en guerreras. Algo que va en contra de su naturaleza. Por lo menos la literatura homérica no nos muestra esta faceta de la mujer. Aunque el varón, sobre todas las cosas, ha sido considerado el ser más importante y por tanto ha gobernado el mundo.

No así la mujer, que sigue sujeta a éste. Casi como esclava, al servicio del varón. Pero hay que tener en cuenta que la guerra la provoca la mujer más bella del mundo: Helena, quien ha sido robada por Alejandro o Paris. Entonces ¿cuán importante puede ser una mujer? Será un botín de guerra, quien por su belleza, ha conquistado el corazón de los varones.


¡Ah, cuántos hermosos recuerdos me trae la épica helénica! Recuerdo cuando la discutíamos rapsodia tras rapsodia con mis alumnos, hace ya algunos años. Revivíamos las pasiones antiguas que siguen imperando hoy en día. Homero, el primero de los grandes poetas del mundo occidental. De él surge la literatura que aún nos apasiona hoy en día.


Hace algunos años publiqué Mundo Heleno, a la luz de Nietzsche y del psicoanálisis. Ahora que lo releo, veo que no está mal. Es fácil y entretenido de leer y penetrar de manera diferente en el mundo heleno.

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