Iniciar Sesión
Registrarse
  Preguntas frecuentes
  |  
¿Olvidó su contraseña? 

04/04/13 - 04:34 Opinión

La percepción es una realidad

Desde hace muchos años es moneda de uso común el dicho de que muchas veces la percepción es la realidad en la política, entendida esta como aquellas acciones referentes al gobierno de los estados. Realmente no lo es en sí, pero se vuelve o, más bien dicho, así la vuelven las circunstancias que siempre rodearán los hechos relacionados con este tema, que además incluye las actividades de quienes aspiran a regir los asuntos públicos.

EDITORIAL

En el lenguaje práctico del ejercicio de la actividad político partidista, eso significa que aquello que se percibe como malo por un porcentaje mayoritario de personas se convertirá en malo. En el campo de la ética, cuando se basa en el resultado de las acciones, también se convierte en incorrecto o en antiético, aunque pueda caber la posibilidad de que sea correcto o al menos de que no haya motivos para rechazarlo.

El pragmatismo en la actividad política debe incluir la aceptación de cómo participan y afectan las circunstancias nuevas, como por ejemplo la tecnología. En los tiempos actuales es enorme y sobre todo incontrolable la posibilidad de pensar siquiera en evitar que por medio de los teléfonos celulares y demás adminículos de la ciencia contemporánea sea registrado, se conozca y se transmita en cuestión de segundos y a cualquier parte del mundo casi todo lo que ocurre en cualquier país, sin distinción.

Uno de los peores efectos negativos para las acciones gubernativas lo provocan decisiones tomadas o anunciadas pensando en la posibilidad de que puedan pasar inadvertidas o desconocidas. El problema se crea y se afianza porque es imposible responder a la pregunta de por qué se hizo de determinada manera, en esa fecha, con esas personas, etcétera. Se convierten en inútiles, en contraproducentes o ambas cosas, aquellas decisiones tomadas con la esperanza de que el público de todo el mundo no se pueda enterar en esas mencionadas fracciones de segundo, porque la tecnología acabó con las distancias y las barreras geográficas.

Los casos de la primavera árabe, de los intentos en China o Cuba —por ejemplo— de evitar el ingreso de verdades diversas a las oficiales, indican que la opacidad, el secreto, ya son elementos cuya efectividad terminó. Podían funcionar en un mundo, en países, en ciudades y entre personas con comunicaciones dificultosas, y aún así muchas veces era por un tiempo corto o largo pero eterno, en una aplicación de que la mentira dura mientras la verdad llega, y esta siempre la alcanza.

Un problema serio de la percepción negativa de la explicación basada en la búsqueda de motivos oscuros es que se crea con facilidad y es muy complicado borrarlos. Esto ocurre sobre todo cuando el análisis de las percepciones incluye al factor histórico, es decir a una continuidad en el tiempo pasado de acciones opacas. Los políticos en el poder o en la llanura deben tener claro: quien les recomienda este tipo de acciones lo que en realidad les está haciendo es abandonarlos a su suerte en el mar del desprestigio y en el desolado yermo de la decepción ciudadana.

Más noticias de Opinión

Herramientas

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.