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23/08/13 - 00:00 Opinión

VENTANA

“El primer tamal”

Cuando el Dr. Francisco Estrada- Belli y su equipo descubrieron un bellísimo relieve modelado en estuco de ocho metros de largo por dos de alto, ubicado en la parte superior de un edificio rectangular, dentro de una pirámide maya, en la milenaria ciudad de Holmul, expresó con emoción: “¡Casi me da un ataque al corazón, es un hallazgo extraordinario que solo ocurre una vez en la vida de un arqueólogo!”. El hallazgo ocurrió hace pocas semanas, en julio de este año. El friso tiene mil 400 años de antigüedad.

RITA MARíA ROESCH

“Esa buena noticia de Guatemala ya le dio la vuelta al mundo. Es preciso apoyar la conservación de nuestras ciudades enterradas mayas”, susurró el Clarinero.

Todo empezó el año pasado, cuando el Dr. Estrada Belli siguió con sus investigaciones en Holmul, en el noreste de Petén, con el aval del Ministerio de Cultura y Deportes, la Universidad de Boston y el apoyo financiero de las fundaciones Pacunam, Alphawood, Maya Archeology Initiative y National Geographic Society. Los estudiosos habían descubierto una tumba vacía y debajo de esa estructura encontraron un entierro con el esqueleto preservado de un individuo. Los dientes estaban tallados con perlas de jade, un rasgo elítico para el maya. En el pecho llevaba una máscara de madera que se había deteriorado pero permanecían dos orejeras de jade. Una concha spondylus coronaba su cabeza. El cuerpo estaba rodeado por vasijas, eran tres juegos de nueve cada una. Los recipientes estaban decorados con la figura del lirio, el símbolo del inframundo. Podría interpretarse que este “noble señor” viajaba hacia “las estrellas”, llevando las vasijas como una ofrenda para los dioses del inframundo, que son nueve.

Cuando conversé con el Dr. Estrada Belli me comentó que hasta el descubrimiento de ese entierro no se conocía a ningún miembro de la nobleza o un gobernante de Holmul. “La propuesta fue buscar más indicios para comprobarlo, y fue así como descubrimos el edificio con el friso completo”.

El relieve está compuesto de tres personajes principales ataviados con vistosos trajes de plumas de quetzal y jade. Los personajes están sentados sobre cabezas de monstruos “witz” o cerros sagrados. El personaje central se identifica como Och Chan Yopaat, que se traduce como “El rayo entró al cielo”, por los signos jeroglíficos tallados en su tocado y en el texto debajo de su imagen. De la boca del monstruo central emergen dos serpientes emplumadas de las cuales, a su vez, nacen dos ancestros. Las figuras de estos dos dioses ancianos ofrecen un objeto a Och Chan Yopaat. El signo jeroglífico lo traduce como “primer tamal”. Arriba de los personajes se extiende una franja de símbolos astrales conocida como “banda celestial”. La banda indica que las figuras representadas se encuentran en “el mundo celestial de los dioses y los ancestros”.

“Estoy aún procesando diversos significados del hallazgo”, me dijo Estrada Belli. “Sin embargo, no tengo duda de que lo que estamos viendo en el friso es una imagen mitológica”.

El próximo viernes daré a conocer su interesante reflexión.

clarinerormr@hotmail.com

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