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Prensa Libre

27/07/13 - 01:05 Opinión

EDITORIAL

La privacidad es una quimera

Lejos quedaron los tiempos en los que se podía presumir de una vida de enclaustramiento, o cuando menos alejada de toda exposición pública. Eso ya es historia porque la tecnología y la búsqueda afanosa de dominio de algunos gobiernos han dado al traste con esas pretensiones, principalmente a raíz de ataques terroristas en ciudades importantes, y por lo cual hoy prácticamente todo ciudadano ha caído en una categoría de sospecha inminente.

La sola mención de una palabra indebida puede poner a cualquier persona en el radar de sofisticados sistemas de espionaje y detección de palabras, tal como lo denunció el ahora exanalista de la Agencia Central de Inteligencia Edward Snowden, quien mostró que siguen vigentes los peores momentos de la Guerra Fría, cuando el espionaje entre las grandes potencias era algo habitual, comparado con el alcance que tienen hoy los sistemas informáticos sobre la vida privada, comunicaciones y hábitos de las personas.

La amenaza es más seria de lo que se suele creer, y por ello se ha vuelto sensible para millones de usuarios la forma como actualmente se comunican en las diversas plataformas que la tecnología ha puesto al alcance de la mano, que de igual manera sirve a quienes nos vigilan al inspeccionar correos electrónicos o las comunicaciones por teléfono, las cuales pueden ser intervenidas y sustraídas sin que el afectado se entere, con lo cual se vulneran derechos fundamentales que obviamente a los gobiernos poco les importan.

Nuestra privacidad se ha vuelto tan frágil que incluso hay información sensible de cada persona que no debiera estar en manos de la delincuencia común, como se acaba de poner en evidencia con la captura de una banda de estafadores que tenía en su poder la base de datos de miles de números de teléfonos a los cuales podía llamar o enviar mensajes para estafar a los incautos que creían que tras un simple procedimiento y varios quetzales perdidos podían hacerse acreedores a vehículos de lujo u otros premios.

Tal cúmulo de datos tuvo que salir de alguna parte y así como los delincuentes pueden tener acceso a información que debiera ser restringida, con mucha mayor facilidad la obtendrán las fuentes oficiales, con el agravante de que nadie sabe el uso que le den a esos datos quienes trabajan para vigilar a la población. Por eso tampoco resulta extraño que en correos electrónicos se reciban anuncios sobre la venta de bases de datos completas, con direcciones y teléfonos de personas, cuya información puede resultar perjudicial, de lo cual dan fe los malhechores.

Si bien las revelaciones de Snowden tampoco constituyen una gran sorpresa, sí han permitido que en el mundo se desate una ola de indignación y se cobre conciencia de que debe empezar un cambio de hábitos, empezando por poner más atención con la información que se coloca en los perfiles de las redes sociales, la cual a veces se excede en detalles, lo que también debe extenderse a los correos electrónicos, para contrarrestar la falta de escrúpulos de quienes en nombre de la seguridad atentan contra la libertad y la dignidad de las personas.

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