Opinión

EDITORIAL

Privilegios que son insostenibles

Editorial

Editorial

G uatemala ha tomado, desde hace años, una ruta que no conduce a nada bueno, y aun aquellos que vociferan en las calles en supuestos apoyos a los gobernantes de turno van a pagar las consecuencias de esa acumulación de desatinos originados en contubernios insanos. Las finanzas públicas atraviesan por una de sus peores crisis y cada mes se logra recaudar apenas lo necesario para cubrir las necesidades más ingentes, como el pago de planillas, mientras que otras entidades apenas logran funcionar con los recursos asignados en el Presupuesto de la Nación.

El miércoles recién pasado, el gremio magisterial fue convocado supuestamente para protestar y exigir la nacionalización de la electricidad y la actividad minera, pero eso es un absurdo que solo evidencia lo improcedente de las demandas de sus pseudoliderazgos, que en el fondo únicamente buscan ocultar sus verdaderas intenciones, que son mantener y ampliar los privilegios que sindicatos como el del magisterio y el de Salud han logrado con ese reprochable intercambio de apoyos que solo los benefician a ellos, en una clara muestra de lo nocivo que resulta esa colusión de gobernantes y sindicalistas en contra de los intereses nacionales.

El mundo tiene suficientes ejemplos de lo nefasto que ha resultado para la población cuando los políticos acceden al poder con el respaldo de grupúsculos que buscan obtener beneficios, como ha sido el caso de muchos de los sindicatos estatales que han logrado privilegios que son insostenibles. Grecia es el modelo más actual de lo inviable que resultan esos compadrazgos, aunque Latinoamérica también tiene suficientes botones de muestra de las repercusiones desventajosas de esos compromisos sobre el bolsillo de los contribuyentes.

Los sindicatos públicos en Guatemala han asumido una actitud voraz, y aunque puedan justificarse algunas prestaciones, estas son desproporcionadas, porque en el mediano plazo serán insostenibles, como ya puede verse en el presupuesto del Congreso, uno de los más desbalanceados, y ante lo cual no ha existido la más mínima responsabilidad por parte de quienes hasta ahora han administrado ese organismo. Uno de los numerosos ejemplos que ponen en perspectiva lo inviable de un modelo que a ellos no les cuesta un solo centavo.

Por ello es que para los políticos ha resultado fácil navegar con la bandera de la ingenuidad, porque evaden la responsabilidad de encarar una situación insostenible y a cambio reciben un apoyo venal para que nada cambie, para que se prolonguen los privilegios aun a costa de los contribuyentes, que se vuelven espectadores de expresiones de un populismo rampante, como ya incluso puede verse en la actual contienda electoral. Eso explica también por qué cuando los políticos salen del poder abren la puerta al ostracismo, porque en su momento también fueron instrumentalizados para objetivos perversos.

El Estado ya se encuentra en una lamentable situación de insolvencia y lo menos que cabe exigir es un poco de prudencia y de que se asuman con carácter las demandas de esos liderazgos insensatos. No debe continuar el pago de tanto privilegio, ni el despilfarro y la corrupción en las esferas públicas.