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Prensa Libre

18/03/13 - 01:11 Opinión

EDITORIAL

Otra prueba del desastre del futbol

Una de las mayores crisis en la triste y decepcionante historia del futbol nacional está a punto de comenzar: la posible suspensión de Guatemala de la Federación Internacional de Futbol Asociación (Fifa), debido las acciones tomadas por la dirigencia futbolística nacional en el caso de tres partidos de la Selección ante Sudáfrica, Venezuela y Costa Rica, cuyos resultados fueron pactados por tres jugadores, según lo sentenció la Federación Nacional de Futbol.

La acción de la Fifa es fácil de entender. La Fedefutbol juzga a los jugadores Guillermo Ramírez, Yony Flores y Gustavo Cabrera, los condena por ese delito deportivo, los suspende de por vida e informa a la máxima autoridad del futbol mundial, que avala la drástica sanción, como un precedente ejemplar. Pero luego el Tribunal de Honor de la Confederación Deportiva Autónoma Guatemalteca decide que no hay caso y redime a los acusados. Al ser informada, la Fifa considera tal decisión como prueba de poca seriedad y amenaza con la expulsión de Guatemala.

Esto significa que este país no participará en eliminatorias de ningún nivel y que no podrá ser realizado en canchas guatemaltecas ningún partido internacional, ni siquiera amistoso. En otras palabras, Guatemala ya no existirá en el mundo futbolístico. Se acabó. Deja de tener sentido todo campeonato, incluso el local, porque se convertirá en un espectáculo de familia, por decirlo así.

Las autoridades deportivas, ante el ultimátum de la Fifa, no tienen alternativa. Deben confirmar el castigo, aun si fuera injusto y basado en pruebas débiles, porque ya lo hicieron oficial, y si adquieren posición de arrogancia, el resultado ya es conocido. Es fácil explicarlo porque las autoridades estatales, autónomas y la dirigencia de los clubes profesionales guatemaltecos han merecido muchas y justificadas críticas por incapacidad y por no anteponer los intereses deportivos nacionales. Esto se ha traducido en retrocesos y en que cada vez en el área de la Concacaf ganarle a Guatemala es más fácil y por tanto menos meritorio.

En caso la expulsión fuera convertida en realidad, podría ser oportunidad para un cambio radical en la organización y leyes internas del futbol guatemalteco. Algunos criterios son tan sencillos y evidentes como impulsar el futbol en los departamentos, porque en varios de ellos ni siquiera hay un equipo federado; una renovación total del equipo directivo del futbol nacional y de clubes, cuyas pugnas forman parte del problema; reglas para dar oportunidad a los jugadores y entrenadores locales, que ahora deben quedarse en banca porque juegan futbolistas extranjeros, o que no reciben la confianza para dirigir a los equipos. De la liga nacional mayor guatemalteca apenas dos conjuntos tienen compatriotas como directores técnicos.

La afición al futbol tiene motivos para lamentos y justificadas recriminaciones en caso de que Guatemala se vea obligada a salir del futbol a nivel internacional. Lo que está ocurriendo y puede ocurrir constituye una prueba más del desastre del futbol nacional, que siendo el más popular del país ha sido fuente de muy pocas satisfacciones y de demasiados y amargos sinsabores.

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