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Opinión

UKEMIK NA’OJ

La razón no sintiente

En términos psicológicos, los seres humanos estamos conformados por cuatro dimensiones interdependientes: física, emocional, mental y espiritual. Dichas dimensiones generan motivaciones, intereses e inquietudes que están atravesadas por sentimientos y pensamientos; jamás las personas pensamos sin experimentar emociones. Por ello, resulta necesario cuestionar el postulado patriarcal y eurocéntrico, que desde el siglo XVIII instituyó a la razón como máxima expresión del pensamiento y restó importancia a los sentimientos

Francisca Gómez Grijalva

FRANCISCA GóMEZ GRIJALVA

y a la espiritualidad, por considerarlas irrelevantes en la vida de las personas. Esta imposición patriarcal ha sumergido a las personas de todos los pueblos del mundo en un sinfín de conflictos emocionales.

En este sentido, un claro efecto de esta visión es la jerarquización de las personas por razones de género, raciales, de clase social, de identidad sexual, de edad, entre otras; lo cual ha generado prácticas y actitudes discriminatorias, que generan conflictos emocionales y vulneran la dignidad humana. Ahora bien, ¿qué se necesita para superar estos conflictos?

Por un lado, cuando se vulnera la dignidad humana y existe la necesidad de superar sentimientos y pensamientos de dolor e indignación, lo más sano es accionar para recuperar el sentido y la importancia de los procesos terapéuticos, con el fin de superar los conflictos emocionales. A veces, esto implica un proceso de duelo e incluso puede provocar mucho dolor y tristeza; sin embargo, es necesario liberarse de esos sentimientos para la sanación física, emocional y espiritual.

Por otro lado, en términos sociales, es un desafío para el Estado y para la sociedad civil, tomar medidas contundentes para desnaturalizar las múltiples formas de discriminación prevalecientes en todos los espacios públicos y privados. Esto implica abordar la discriminación como un problema social, que afecta la convivencia colectiva y que, además, genera violencia. Aunque actualmente existe una amplia gama de procesos terapéuticos alternativos con un enfoque integral de atención, todavía son de acceso limitado o bien se desconoce su existencia.

Durante la negociación y firma de los acuerdos de paz, las organizaciones de la sociedad civil demandaron compromisos al Estado de Guatemala y a la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), para poner fin a las múltiples formas de discriminación social, cultural, institucional y legal. Estas múltiples discriminaciones han sido naturalizadas y legitimadas en nuestro país y son un factor determinante en los altos niveles de violencia psicológica, física y sexual contra la niñez, la juventud y las mujeres mayas, garífunas, xinkas y ladinas.

A pesar de que instituciones del Estado, universidades y organizaciones de la sociedad civil incluyen en sus discursos la necesidad de eliminar la discriminación, siguen faltando políticas educativas y laborales coherentes para erradicarla de esta sociedad.

También es urgente que la sociedad civil reconozca que las múltiples formas de discriminación afectan la salud integral de las personas y que la sanación no es responsabilidad individual, sino social.


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