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14/06/13 - 02:39 Opinión

Al respecto del trabajo infantil

Con motivo de la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, de nuevo han sido recordadas las dolorosamente escandalosas cifras de esa grave tragedia socioeconómica, relacionada en muchos aspectos con la situación en general del país, tanto en sus causas como en sus efectos. La solución no requiere solo de buenos deseos, planes o exigencias, sino pasa por luchar con ahínco por obtener un cambio significativo en muchas de las lacerantes realidades nacionales.

EDITORIAL

El trabajo infantil es el resultado ulterior —para comenzar— del incremento desmesurado de la población, que al relacionarse con una situación generalizada de pobreza, la afianza en un círculo vicioso. También está cerca de la falta de educación, que tiene en sus manifestaciones el desconocimiento de cómo lograr el espaciamiento de los embarazos. Provoca, asimismo, la falta de suficiente mano de obra calificada, que permanece estancada en labores físicas para las que no es necesaria mucha preparación personal.

El peor factor de todos lo constituye el hecho de que los niños obligados por las circunstancias a salir a trabajar dejan de participar en los programas educativos y de tener conocimientos suficientes para mejorar su nivel de vida. Cuando estos factores se repiten por años, el resultado está a la vista. En este 2013, de cada 10 que laboran, seis son indígenas, siete lo hacen para ayudar económicamente a sus familias y ocho se dedican a actividades agrícolas, por cierto realizadas en formas que no pueden estimular la producción ni el mejoramiento de la calidad de vida de ellos y sus parientes.

A este panorama hay que agregarle que en demasiados casos los niños se ven obligados a trabajar en tareas inadecuadas para su edad, sobre todo cuando necesitan fuerzas físicas que están más allá de las posibilidades infantiles. En otros, sobre todo de las de niñas, estas tareas las colocan en situaciones de riesgo de sufrir violaciones y vejámenes similares, cuyo aumento es constante, según estadísticas publicadas, aunque queda claro que el número real necesariamente es mayor.

Los casos de trabajo infantil abarcan una aún mayor gama de casos, y por eso los programas que tratan de erradicar este problema deben dividirse en la solución a corto plazos, a través de planes interinstitucionales de colaboración con las instituciones públicas y privadas que se dedican a tratar el tema. Pero el esfuerzo mayor debe ser dirigido a mediano y largo plazo, mientras el mejoramiento de la situación económica llega de manera notoria al campo, a las familias indígenas y a quienes residen en las áreas circunvecinas a la capital.

El primer paso lo constituye la concientización de todos los sectores del país, incluyendo a quienes ven este trabajo infantil como parte de una realidad cultural que ya no tiene justificación. Es posible realizar esta tarea por medio de planes que se desarrollen gracias a programas piloto en las áreas más necesitadas, es decir, donde se entrecruzan los diversos factores del actual subdesarrollo y de raíces para que este se multiplique.

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