Opinión

Catalejo

Riesgo presidencial

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

MUY PRONTO COMENZÓ A SENTIR el presidente Jimmy Morales los efectos de no tener opinión, mucho menos control, en los diputados del partido oficial. Los originales se unieron alegremente a la pléyade de tránsfugas en su papel de integrar las hordas de quienes no dejarán de aprovechar oportunidad para demostrar independencia, según ellos, de las opiniones y posiciones presidenciales. La más reciente actitud de ese tipo ocurrió cuando el mandatario, quien ahora con razón se manifiesta opuesto a los cambios de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, no pudo convencer a sus compañeros de partido. Ahora está solo y a punto de perder otra batalla.

HABLAR DE TENER EL apoyo popular, a estas alturas, resulta no solo inútil sino contraproducente. El Tribunal Supremo Electoral, a pesar de tener conciencia de cómo las pocas ventajas obtenidas por los cambios electorales, sucumben ante los cambios negativos. Ciertamente es bueno limitar el número de diputados a 160, dos más de los 158 actuales, pero por otro lado la autorización a mantener y aumentar el nepotismo con toda seguridad tendrá efectos igual de malos. Para aumentar sus problemas, la posición presidencial fue interpretada como una forma de apoyar los medios de comunicación preferidos por él, usados como voceros oficiales de facto.

AHORA, EL ÚNICO CAMINO PARA el presidente es emplear los recursos legales para impedir los cambios como quedaron o actuar con el fin de no engendrar nuevos con iguales inconveniencias para corregir los abusos de los politiqueros. Hay un par de hechos innegables: el nulo poder de influencia del presidente; la inaceptable actitud de sus diputados, cuyo voto permitió el bodrio —es decir esa cosa desordenada— salida de las mentes de los parlamentarios. Me sorprenderá si logra algo, porque hay pocas posibilidades reales de salir de la incómoda posición actual, derivada de su inexperiencia. Al gobierno no se llega a aprender a mandar ni a infundir respeto.

En riesgo tradición de los barriletes de Santiago Sacatepéquez

Peligran los barriletes

UNA DE LAS DEMOSTRACIONES más interesantes de la cultura popular guatemalteca la constituye el impresionante vuelo de los barriletes gigantes de Santiago Sacatepéquez, realizado el primero de noviembre de cada año. Miles de guatemaltecos hemos visitado ese lugar, al menos una vez, para observar no sólo la dificultad de encumbrar y mantener en el aire a esos ejemplos de artesanía con una mezcla especial de factores religiosos tanto católicos como de la cosmología indígena. De hecho, cada vez es más difícil encontrar lugar para verlos de cerca y hay necesidad de llegar de más temprano. La tradición se mantiene y se afianza y eso es positivo.

DESDE HACE 107 AÑOS, la organización de las actividades relacionadas con la construcción y vuelo de los barriletes ha estado a cargo de la comunidad cackchiquel, organizada ahora en la Asociación Civil Santiaguense para el Desarrollo Cultural, cuyos integrantes trabajan ad honórem y se han encargado de conseguir los fondos necesarios, ya sea por donaciones de particulares o de empresas guatemaltecas interesadas con el apoyo a las tradiciones. Las autoridades edilicias en otras oportunidades han colaborado, a veces más, a veces menos, pero nunca ha sido una actividad propia de la municipalidad ni de quienes la integran. Eso siempre ha quedado claro.

SEGÚN LOS ORGANIZADORES tradicionales, el actual alcalde considera al festival de los barriletes como una celebración municipal y por ello quiere manejar el festival y tener el control, lo cual incluye el manejo de los fondos. Por eso, los afectados se han dirigido al ministro de Cultura a fin de pedirle su intervención, y todo está listo para una innecesaria confrontación cuyo resultado podría poner en peligro el festival novembrino. Urge entonces resolver esta situación, para evitar tensiones. La meta debe ser preservar el vuelo de los barriletes, un espectáculo único de la misma especie de las alfombras de semana santa y de tantas otras tradiciones únicas nuestras.