Opinión

CABLE A TIERRA

Salarios para el hambre

Karin Slowing

Karin Slowing

Antes de que se levantara una discusión sobre el salario mínimo diferenciado, en Guatemala ya teníamos graves problemas: las estimaciones efectuadas por el analista independiente Francisco Rodas, con base en los datos que aporta la ENEI de abril del 2014, muestran que los salarios que ganaba la mayor parte de la población asalariada en el país eran ya insuficientes para asegurar una vida digna para el trabajador y su familia. El 67.4% de los asalariados ganaban un sueldo mínimo o menos en su empleo principal; y de aquellos que tenían un segundo empleo, el 99.3% gana también menos del salario mínimo. Además, solo el 48% de los asalariados tenían contrato; recibían bono 14 apenas el 49.1% y disfrutaban de aguinaldo solo el 50.8%. El incumplimiento ya era mayúsculo antes de esta nueva ocurrencia. Ni la responsabilidad social empresarial ni la política pública han servido mínimamente para hacer cumplir con la legislación laboral vigente.

Vistos los datos en términos de hogares, Rodas destaca que el 45.9% de los mismos recibe como ingreso laboral un salario mínimo o menos. ¿Cómo salen adelante? Bueno, muchos de ellos simplemente no lo hacen, y es esta una de las razones más importantes para explicar los altos índices de desnutrición crónica en la niñez que persisten en el país. Por algún lado se ajusta el déficit de ingresos, y es con la vida y las oportunidades de las niñas, las mujeres y los niños, quienes son los primeros en sufrir los efectos de esa privación. No hay programa de protección social ni Ventana de los mil días —por bien implementada que sea—, ni escuela para aprender a lavarse bien las manos antes de preparar los alimentos, que compense los efectos deletéreos de un hogar que no cuenta con suficientes ingresos ni para alimentarse.

El histórico incumplimiento de la legislación que protege a la población asalariada debería ser el primer elemento a resolver por parte de un gobierno responsable. Sin embargo, en lugar de hacer cumplir el Código de Trabajo, el Mintrab se ha convertido en aliado de los sectores del empresariado nacional que impulsan la rebaja del salario mínimo, acto al cual se le ha llamado con el eufemismo de “salario mínimo diferenciado” para evitar la reacción adversa. Nótese que según algunas estimaciones, el monto de la reducción salarial contemplada oscila entre el 32% y el 58% del salario mínimo diario vigente, dependiendo del municipio. Mientras tanto, según datos del Banguat, la proporción de la riqueza que produce el país que se queda en las empresas se ha incrementado en los últimos años en la misma medida que se ha reducido la proporción que le queda a los trabajadores de esa riqueza. Es decir, nuevamente no es un problema del tamaño del pastel, sino del tamaño de la porción que le queda a cada quien.

Desde la perspectiva del desarrollo humano, que refiere a la posibilidad de vivir al menos una vida libre de pobreza, hambre y enfermedad, la iniciativa del salario mínimo diferenciado de Q1 mil 500 al mes solo viene a agravar esta situación. Significa que para que un hogar tipo —2.2 generadores de ingreso y cinco integrantes— pueda adquirir al menos la canasta básica de alimentos, tendría que tener trabajando ya a los dos adultos que componen la familia nuclear, más algún otro integrante. Eso, por supuesto, si es que no le descuentan ni un quetzal de ese ingreso, y que ninguno de los miembros del grupo familiar incurra en ningún otro gasto, como por ejemplo, el transporte de y hacia su lugar de trabajo o cubrir su cuerpo con alguna vestimenta.