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Opinión

EL QUINTO PATIO

Una salida opaca

El apellido no fue suficiente para darle lustre al presidente. Por mucho que quisiera emular a su célebre tío, nada en sus antecedentes, en su vida personal ni en su actuación política podría parangonarse a la brillante ejecutoria de Colom, el alcalde asesinado por la dictadura.

Carolina Vásquez Araya

CAROLINA VáSQUEZ ARAYA

Álvaro Colom deja esa presidencia que tanto anheló, pero no con un aura de gloria, sino marcada por la corrupción, malos manejos de los fondos públicos, escándalos familiares, nepotismo y un aura indiscutible de mediocridad en toda su gestión. Quizás lo único rescatable ha sido el acierto en el nombramiento de algunos miembros de su equipo, pero aun con eso la administración de Colom pasará a la historia de Guatemala como un período de retroceso en el desarrollo del país.

De nada le han servido los millones derrochados en propaganda, porque no se puede inventar lo que no existe. Ha sido patético el esfuerzo de sus asesores de relaciones públicas por publicitar acciones y obras cuya ejecución no es más que una de las muchas obligaciones del puesto que ocupó durante los últimos cuatro años. De hecho, esas poses triunfalistas por haber cumplido con su deber a medias retratan el bajo concepto de nación característico de las recientes administraciones, llevado al extremo en la que esta semana entrega el bastón de mando.

“La culpa no es del cerdo sino de quien le da de comer”, reza un dicho popular. Y se aplica a la perfección en el caso del sistema político actual, el cual permite que cualquier persona sin mayores cualidades ni calidades suba al sillón presidencial, gracias al discutible mérito de contar con financistas poderosos. La Ley Electoral y de Partidos Políticos ha llenado curules, alcaldías y despachos presidenciales con gente cuya única motivación es robar el dinero del pueblo y gozar de todos los privilegios inherentes a un cargo público.

Pocos han sido los ciudadanos ejemplares que han ocupado puestos en la administración pública y cuya conducta se ha distinguido por la probidad, la transparencia y el deseo de servir a su patria. Por lo general, esos pocos no logran resistir las presiones del entorno y terminan desertando, porque su única alternativa, de no largarse a tiempo, es volverse cómplice involuntario de la corrupción.

Colom prometió cambios sustanciales en la gestión del organismo Ejecutivo. Prometió solidaridad, respeto a la diversidad étnica y políticas públicas de gran beneficio social. Nada de eso, si en realidad hubo intención de cumplirlo, fue suficiente para evitar el descalabro de la infraestructura de servicios de salud y educación. Nada ha detenido la caída fulminante de Guatemala en los indicadores de desarrollo social. Nada pudo impedir que más de la mitad de las niñas y niños de Guatemala cayeran en las cifras vergonzosas de desnutrición crónica que les vedará las pocas oportunidades de tener un futuro digno.

El presidente se regresa a su casa más rico que antes de asumir, pero con un halo de desprestigio que jamás podrá desvanecer. Su actitud triunfalista no encaja para nada con las muchas penas y la poca gloria que deja su paso por el despacho presidencial.


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