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02/04/13 - 00:00 Opinión

MIRADOR

El silencio de la abuela

La libertad condicional concedida a la exmagistrada Barreda evidenció nuevamente la incapacidad del Ministerio Público (MP) para culminar exitosamente investigaciones criminales. La absolución de los acusados no es mayormente culpa de los jueces, como la Cicig ha dejado irresponsablemente en el ambiente. Quizá esa manifiesta deficiencia de la Fiscalía sea la razón del porqué algunos magistrados denunciaron presiones del MP para que “avalaran” sus peticiones al margen de la calidad de las pesquisas, en tanto mejoraban los resultados.

PEDRO TRUJILLO

En este caso, la jueza no aprecia una acusación consistente con las pruebas presentadas. Una nueva ligereza de los pesquisidores que mal justifican con descarado silencio o declaraciones mediáticas, en lugar de con despidos y exigencias de la correspondiente responsabilidad al funcionario que definitivamente no funciona.

En esta investigación pudiera faltar alguna pregunta —racional y emotiva— ausente en las averiguaciones: ¿por qué una abuela —y un abuelo que frecuentemente se olvida— guardan absoluto silencio y no se inmutan ni rompen la compostura? Dos repuestas sugiere la reflexión. Una, que los abuelos paternos carecen de sentimientos, de emociones, de amor por su nietos y son insensibles, algo que definitivamente rechazo. Otra, que tienen absoluta certeza de que están vivos y su silencio los protege. Es posible que alguien les haya exigido callar —quizá cosas pasadas— por protección de la prole.

Quid pro quo, y todos felices. Si el autoplanificado suicidio de Rosenberg resultó creíble para muchos, esta versión del mutuo e interesado silencio —mucho más lógica— puede ser perfectamente entendible, comprensible y sujeta a consideración. Sin embargo la Cicig, con misión de desmantelar grupos paralelos, está lamentablemente ausente desde el inicio, a pesar de que se habló de pasaportes falsificados, connivencia de aduanas y altos cargos judiciales implicados, entre otras cosas. Averiguar sobre este “poder paralelo” pareciera que no le interesa aunque la tesis de la novela de Dall’Anese, (La Huella de los Zopilotes) sea que sin cuerpo sí hay delito.

La frustración está servida y la solución, lejos de acercarse, parece conducir a ese oscuro rincón en el que se refugia la impunidad, algo no siempre achacable a poderes ocultos que nadie precisa aunque muchos aluden a ellos, sino particularmente a la ineficiencia del MP en hacer su trabajo de forma técnica y precisa, por la falta de necesarias sanciones a quienes no alcanzan, por dejadez o incompetencia, los resultados esperados y a una politizada fiscalía centrada en casos emblemáticos y políticamente oportunos que inicia el lanzamiento, ante el relativista mundo que nos observa, de la reelección de la Fiscal General para el 2014 lo que interesa realmente a algunos, más que la justicia que deberían buscar y promover, ¡claro que así nos va!

Incapaces de reconocer y lidiar con las deficiencias que permitimos y aceptamos sin exigir responsabilidades, seguimos en manos de quienes utilizan instituciones públicas para el logro de sus intereses particulares, sin darle prioridad a los derechos individuales ni a los intereses colectivos. Continuamos indefensos frente a grupos de poder —ni ocultos ni paralelos—, sino manipuladores de la situación a pesar de los juristas importados que para no ser menos que el resto, hacen igualmente su propio juego político con impune disfraz judicial. Los perdedores inmediatos, en este caso, una familia, una joven madre y dos pequeños, aunque hay otros miles de expedientes apilados que diariamente se reordenan en función de quien dicta las directrices y del momento político oportuno. ¿Justicia? ¿Búsqueda de la verdad? Esto se llama interés, dejadez e incapacidad, por no entrar en mayores profundidades.

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