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08/07/13 - 00:05 Opinión

EL QUINTO PATIO

La silla vacía

Le avisaron por teléfono. Ni siquiera sabía quién estaba al otro lado de la línea: un desconocido marcó el primer número que apareció en el celular y creyó necesario avisarle a alguien que el joven estaba ahí, tirado en el pavimento, con un tiro en la cabeza. Un gesto de buena voluntad, un impulso irreflexivo sin pensar en la posibilidad de que al fiscal se le pasara por la mente vincularlo al caso.

CAROLINA VáSQUEZ ARAYA

Hace unos días, seis asesinatos en menos de dos horas. Para las autoridades, sin embargo, ese acontecimiento —como también los más de 15 asesinatos diarios— forma parte de un escenario normal en un país con serias deficiencias de seguridad y bajo el ataque frontal de las organizaciones que se dedican al tráfico de drogas y otros negocios afines, como la trata de personas, las extorsiones, los secuestros, los asaltos a mano armada y el contrabando.

En muchas casas va quedando una silla vacía. Una silla que ocupó algún miembro valioso para sus familiares. Una hija, un hermano, una madre que de pronto y sin aviso previo desapareció de la vida de los demás al ser víctima de una acción criminal. Son esos espacios vacíos cuya dimensión solo es capaz de comprender quien los acompañó durante su vida, quien los amó y apoyó en momentos de crisis, quien compartió el pastel de cumpleaños y celebró sus pequeños o grandes logros.

Pero quienes tienen las riendas del poder político solo ven estadísticas, casos, perfiles, expedientes y denuncias. Blindan sus mentes contra la insidiosa filtración de sentimientos humanos porque no es ese su papel en la vida. Prefieren lidiar con cifras y porcentajes para esconder la profunda deshumanización de su proceder. Y es así como de pronto opinan ante la Prensa que este es el escenario “normal” de la época. Minimizando el impacto de los asesinatos, culpan a las mujeres por haber sido descuartizadas y a las niñas por dejarse engañar por las redes de trata, mientras de paso descalifican toda protesta ciudadana.

¿Y qué efecto tiene este entorno en la psiquis de las personas? Por sobre todo, una profunda sensación de desamparo. Existe el supuesto de que las sociedades están organizadas en torno a valores. Que sus integrantes comparten ciertas normas y se apegan a sus códigos. Que se han puesto de acuerdo respecto de las reglas del juego y a partir de ellas llevan una vida más o menos pacífica y productiva. Pero cuando nada de eso funciona, esa vida se altera, trastornando la esencia misma del sentido de pertenencia a un país o a una nación.

Esas sillas vacías por culpa de la violencia no son normales. Reflejan una disfunción profunda de la vida ciudadana y constituyen un valladar para el desarrollo del país. Basta imaginar el rencor acumulado alrededor de esas sillas. La impotencia de tantas personas inocentes reprochándoles a sus gobernantes esa muerte injusta. Hay que ponerse en el lugar de quienes viven la horrenda experiencia de reconocer el cadáver de alguien querido, muchas veces descuartizado, precisamente con la intención de impedir ese gesto, amplificando así el dolor entre los suyos.

La sociedad se está acostumbrando a contar muertos. Y eso, señores gobernantes, no es normal.

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