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11/03/13 - 00:00 Opinión

De historia e historiadores

Las sombras en la Historia

El genial León Tolstói, después de haber publicado sus famosas novelas Guerra y paz y Ana Karenina, fue entrevistado en 1905 por Harold Williams, brillante corresponsal en Rusia del diario The Manchester Guardian.

J.C. CAMBRANES

 Williams admiraba al viejo conde anarquista que creía que una Constitución era el principal instrumento legal de los poderosos para oprimir a los pueblos y que todos los gobiernos se mantienen en el poder por medio de la violencia. Sin embargo, el periodista advirtió de que a los 77 años la vida real del novelista ya “estaba oculta en algún mundo remoto de tranquila contemplación”. Encontró a Tolstói distanciado de los acontecimientos políticos de su país. En medio de las agitaciones y luchas sociales que conmovían a Rusia, Tolstói estaba inmerso en un pasado lejano y silencioso. Su distanciamiento de las luchas y esperanzas de quienes exigían justicia y libertad política lo había convertido en una sombra de la Historia.

Guatemala es un país en convulsión permanente. Las fuerzas históricas que han luchado por preservar la estructura de poder y dominación están siendo arrinconadas cada vez más por las miles de familias campesinas que exigen tierras de cultivo para no morirse de hambre, hartas ya de promesas y de las desigualdades económicas y sociales en el medio rural. Ante esta nueva situación, los elementos más lúcidos del sector poderoso están tocando campanas de alarma, pero la mayoría retrógrada sigue durmiendo muy tranquila, en la creencia de que la mejor respuesta es la de siempre, “mantener a la chusma a raya” por medio de la represión. Aún no se han enterado que los crecientes movimientos de protesta social son un proceso impredecible, que puede terminar en una catástrofe para todos ellos y para Guatemala si luego se convierte en una guerra civil generalizada. Ya no estamos en el mundo del siglo XX con sus caducas reglas del juego. El estallido social está ya en marcha, tal y como lo visualiza para España el destacado historiador Josep Fontana en una reciente entrevista.

Mientras tanto, nuestros pocos historiadores se mueven como guerreros derrotados de una guerra en la que casi todos participaron como mirones de palo. Parece ser que no han comprendido aún que el conocimiento de la Historia es poder político. Su silencio denota su escepticismo respecto de su reconocimiento social. El inquietante fracaso profesional es lo que motiva su pasividad frente a la tarea de la interpretación crítica del pasado feudal colonial y presente neocolonial. Es precisamente esta actitud la que ha facilitado que la oligarquía haya logrado apropiarse de la pésima educación histórica de los jóvenes guatemaltecos.

Por consiguiente, si nuestros historiadores no quieren continuar siendo sombras de sí mismos, deben dejar de excusarse por su falta de producción historiográfica o por publicar estudios sin valor científico, tan mediocres que a nadie le interesa su lectura. Ha llegado el momento de hacer autocríticas constructivas, de rechazar al conformismo y la inercia incapaz de crear conocimiento para fundamentar el pasado que ha llevado a la sociedad actual.

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