Opinión

EDITORIAL

Termina el período político 2012-2016

Editorial

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Hoy es el último día del cuatrienio 2012-2016, período en el que el sistema de la democracia electoral del país experimentó una segunda prueba, de la cual también salió airoso y dejó abiertas las puertas a un cambio permanente en la participación popular como factor fundamental para el manejo de la Nación y para la expresión de la voluntad ciudadana y su exigencia para que cese la corrupción, al punto de que haberse calificado como “ni corrupto ni ladrón” fue determinante para la victoria electoral de Jimmy Morales.

Así como con motivo del serranazo de 1992 la acción decidida de la Corte de Constitucionalidad fue clave para que el autogolpista Jorge Serrano Elías fuera defenestrado y el Congreso eligiera a Ramiro de León Carpio, esta vez fue la multitudinaria participación popular en la Plaza Central el factor decisivo para la renuncia de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, y también para que funcionara el sistema con la elección parlamentaria de Alejandro Maldonado como vicepresidente, quien ascendió luego a la primera magistratura con motivo de la renuncia forzada del anterior mandatario.

Quedó demostrado que los mecanismos tanto constitucionales como legales funcionaron en momentos de serias crisis. En ese sentido, el resultado es satisfactorio. Se pueden hacer cuestionamientos y explicaciones a la escogencia de los electores, pero es innegable que el gobierno que asumirá mañana es producto de la voluntad electoral, como lo fueron los ocho anteriores presidentes, exceptuando a De León Carpio y Maldonado Aguirre, designados por el Congreso.

La última etapa del período, por ser de apenas pocos meses, fue muy corta, y ello dificulta hacer una evaluación, aunque algunas de sus disposiciones, como la de aprobar el salario diferenciado, sin duda darán de qué hablar por mucho tiempo. Pasará a la historia, eso sí, por la notoria diferencia entre las figuras presidencial y vicepresidencial, cuyo estilo propio y trayectoria son radicalmente contrarios a los de quienes sucedieron. Las elecciones se convirtieron en un merecido centro de la atención nacional y sus sorprendentes y al mismo tiempo explicables resultados marcaron la etapa en que el Gobierno estuvo encabezado por alguien que en cierta forma representaba al viejo estilo político, que fue rechazado por los votantes en los comicios.

El período que hoy termina se caracterizó, además, por el interés despertado afuera de las fronteras, debido a no tener precedentes ni aquí ni en ningún otro país latinoamericano. Por eso, una de las más importantes metas de la nueva etapa que comenzará mañana es precisamente hacer que no se pierda el prestigio ganado por el pueblo gua- temalteco.

Así como el 2015 fue el año del despertar de la ciudadanía, este 2016 tiene la oportunidad de convertirse en el primero de una nueva forma de hacer política, que comience con la promesa básica de campaña. No tendría lógica pensar que los guatemaltecos regresarán al letargo de tantos años. Esto debe ser tomado en cuenta por quienes a partir de mañana participarán en cualquier forma de la política, ya sea en el Gobierno o en la oposición. La vigilancia social continuará enhiesta, y ello es un aliciente de innegable importancia.