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Prensa Libre

04/04/13 - 00:00 Opinión

PERSISTENCIA

El terror de los ixiles

El martes 26 de marzo del año en curso, obtuve el Boletín 5, Caso Genocidio en Guatemala. Imposible no hablar sobre él, como sobre otros muchos casos. Empieza de manera dramática “Ahí tuve el primer miedo de mi vida”, la voz es de Juan, un hombre ixil de 49 años, al testificar ante el tribunal que tomaba su información. Eso sucedió cuando vio cómo los soldados del Ejército mataron a su sobrino al lado de otros dos dirigentes de la Iglesia Católica. No termina ahí, continúa diciendo “sentí un dolor en mi corazón…”, “mi segundo miedo fue el día de la masacre”.

MARGARITA CARRERA

Es cuando describe cómo los soldados fueron quemando las casas de su aldea y disparando a gente de su misma comunidad.

Se trata de una de las tantas evidencias del patrón sistemático de cómo actuaba el Ejército durante la década de 1980. Algo que se ha de tener presente para que no vuelva a repetirse.

Continúa: “Quemaron la milpa, los animales… yo me puse triste cuando vi cómo quemaron la milpa, nos quedamos sin maíz”.

A su vez, Francisco relata de cuando mataron a sus parientes: “Los soldados arrojaron a mi papá, mi mamá, mis hermanos y a otras personas al río”.

Elena, mujer ixil, quien por entonces era una niña de 8 años cuando vio al Ejército irrumpiendo en su comunidad, dice: “A mí me quitaron la ropa, me tiraron al río y me fracturé” y pude huir. Pero se tenía el objetivo de terminar con la niñez. A su papá y a su mamá vio cómo los mataban: “A los adultos les disparaban y los tiraban al río, a los niños solo los tiraban al río y de plano se ahogaban y morían”. La testigo también relata que en un grupo de gente que era víctima había dos señoritas. Los soldados las llevaron a la Iglesia y ahí las violaron y luego las mataron.

Los abogados de la defensa han insistido en preguntar si el uniforme era igual al del otro grupo. A lo que han respondido que no había ningún otro grupo en sus comunidades.

Los testigos ixiles dicen que simplemente eran soldados del Ejército y patrulleros.

Es de admirar —dice el documento— la valentía, la dignidad y la firmeza con que hablaban. Casi imposible no pensar en que les temblaba la voz o daban otras muestras del miedo. El debate que he expuesto no fue el único, continuó días después a las 8.30 horas. Era un martes, 26 de marzo, en la Sala de Vistas de la Corte Suprema de Justicia.

El documento pide que a las víctimas no se les deje solos e invitan a ir más gente para acompañarlos y darles ánimo. Ellos lo piden: “Acompañemos a los sobrevivientes en este histórico juicio y no dejarles solos, ya que el pueblo ixil está siendo la voz de muchas comunidades que no han podido tener la oportunidad de declarar frente a un tribunal”. Esta petición la empezaron a hacer en Guatemala, el 25 de marzo del 2013. Yo obtuve la prensa del día siguiente. Pero la labor continuará mientras existan personas que no se vean doblegadas por el miedo.

Los guatemaltecos y las guatemaltecas debemos unirnos para que nuestra voz se oiga en el mundo y no silenciarnos por miedo a las consecuencias. Ya somos muchos que conocemos lo que se ha vivido y si a nosotros se nos ha respetado, es justo que a todos se les respete.

Sepamos y divulguemos que SÍ HUBO GENOCIDIO y que, de alguna manera, los culpables caerán. Además hay que decirles que se presenten ante la justicia y que hagan sus propias declaraciones. Esto, claro, es muy difícil, pues se necesita ser honesto y valiente, y echarse la carga de la traición que el hecho lleva consigo. Pero es parte de la historia de Guatemala. Según M. Gereda (elPeriódico, del 1 de abril del 2013): “Perdemos todos los guatemaltecos la posibilidad de justicia si no se le condena a Ríos Montt, perdemos la posibilidad de reconciliarnos con la historia”.

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