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Prensa Libre

02/02/13 - 00:09 Opinión

LA ERA DEL FAUNO

El tránsfuga moral

No todo anciano es honorable. Culturas asiáticas, mayas o algunos grupos mestizos asocian la indefensión del adulto mayor a virtudes tales como bondad, humildad y sabiduría. Pareciera que, como los recién nacidos, todo anciano carece de maldad. Pero qué sucede si de joven fue violador y asesino. ¿Borra el tiempo la bestialidad?

JUAN CARLOS LEMUS

En marzo del 2000, por razones humanitarias, la justicia londinense dejó en libertad a Augusto Pinochet. Aquel anciano de 85 años gozó de arresto domiciliario por 18 meses y fue devuelto a Chile. A su arribo, lo bajaron en silla de ruedas del avión, con los cuidados dignos de su edad y salud. Inesperadamente, se puso de pie, caminó, levantó un bastón, rió, triunfal, burlándose en la cara del mundo. Abundantes años no son, como se piensa, detergente moral. Tipos como el dictador chileno demuestran que si viviera 200 años, los 200 lo harían cada vez más cínico.

En el país, el juez Miguel Ángel Gálvez, en un fallo que será histórico, envió a juicio por genocidio a Efraín Ríos Montt y a Mauricio Rodríguez Sánchez. Ya se oyen argumentos sobre la edad de ambos. “Pobres hombres”. Ríos Montt, a sus 86, luce como si fuera un caballero, y el que fue director de la macabra G-2 acude en silla de ruedas a los tribunales. Ancianos más respetables abundan a la entrada de los hospitales o piden limosna en las calles y son empujados fuera de los buses, en cambio, otros viejos, criminales, ya murieron con el oxígeno sobre la nariz cuidadosamente colocado para la foto de prensa y con globos que sus nietos les dejan sobre la mesa de noche y que dicen “Get well soon”.

El juicio contra los dichos desató la ira de algunos que llaman resentidos sociales y comunistas a quienes piden justicia. No es, sin embargo, venganza política, no es un triunfo de la guerrilla sobre el Ejército ni un pulso en favor de la izquierda sobre la derecha. Es la necesidad de formar un país liberado de ataduras ilegítimas. De lo contrario, permaneceremos dando pasos hacia atrás, tal como lo hemos venido haciendo.

Quienes dicen que tienen que ser procesados también los guerrilleros que hayan cometido atrocidades semejantes, tienen razón. Y no estaría mal que comenzaran por el defensor de Ríos Montt, el paradójico exguerrillero Danilo Rodríguez, tránsfuga moral sentado a la derecha del padre, que bien conoce los dos extremos de la pistola. Aunque, quién sabe, quizás el guerrillero jamás lo fue. Pudo ser nomás un infiltrado de los muchos que hubo en la insurgencia. Decepciona que ninguno de sus antiguos camaradas dé un punto de vista sobre tal desviación. Mas como este mundo es insólitamente cochino, a su favor diré una ocurrencia, o burrada, da igual: qué tal si Danilo Rodríguez en realidad supo filtrarse en la defensoría de Ríos Montt y su objetivo era defenderlo con argumentos absurdos y quebradizos —como lo hizo— para que fuese llevado a juicio. En tal caso, no sería un tránsfuga moral sino un silencioso mártir que no tardará en arrojar entre un pozo los 30 denarios mal habidos.

Bromas aparte, se hará justicia por los mil 771 ixiles asesinados entre marzo de 1982 y agosto de 1983. Faltarían, por lo tanto, unos 199 mil casos.

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