Opinión

IMAGEN ES percepción

Trump entre el amor y odio

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

Con el pelo amarillo y su famoso tupé que asegura es natural, cejas perfiladas, simpática sonrisa y mirada diabólica, Donald Trump se ha convertido en la pesadilla materializada para medio mundo, al que inspira toda una Trumpfobia, que aumenta las pulsaciones y dificulta la respiración de quienes la padecen.

El controversial Trump es un huracán que despierta emociones extremas y encontradas en la gente, se ha hecho odioso por sus declaraciones descabelladas, racistas, misóginas y crueles. Sus polémicas palabras insultando a los mexicanos, amenazando con levantar un gran muro en la frontera de Estados Unidos, son verdaderamente “gruesas” y ponen los pelos de punta a cualquiera que lo escucha, hasta llegó al punto de un duro cruce de palabras con el papa Francisco.

Donald Trump es un fenómeno que jamás había ocurrido en la historia de la política estadounidense, y la Trumpfobia está afectando por igual a republicanos y demócratas, que manifiestan una sensación de ansiedad, ira y profunda preocupación por la terrible posibilidad de que un hombre con este perfil llegase a ser el futuro presidente de los Estados Unidos. Por todas las polémicas que genera este candidato, la marca Trump ha perdido millones de dólares, aun así esto no parece preocuparle y continúa firme con la misma estrategia.

Pero paralelamente al odio, otros sienten simpatía, admiración y hasta amor por Trump, suspiran por ver el reality show del multimillonario norteamericano aspirante a político. Hay quienes disfrutan las alocadas reacciones del newyorkino, al que muchos ya califican, si es que gana las elecciones, como el posible anticristo.

La aventura presidencial de Donald Trump por la Casa Blanca inicialmente fue percibida como una excentricidad del acaudalado magnate, que no se esperaba ni siquiera que despegara y quedaría en el intento, pero su candidatura ahora es vista como una verdadera amenaza, porque el hombre fascinó a los medios y a la opinión pública desde un principio, su protagonismo mediático ha ido creciendo como una bola de nieve y no hay quien la pueda parar, porque cada vez son más las portadas y titulares que ocupa en las cadenas de noticias. No se habla de otro tema que no sea Trump, aunque sean más cosas malas que buenas, pero el tema central es él; su telegenia, lo que dice, cómo se viste, sus expresiones, su corbata, su tupé, etcétera. La cosa es que Trump ha invadido las redes sociales con miles de divertidos memes, que cada día lo hacen más popular, y esa relación de odio-amor tiene las encuestas de cabeza, porque aunque la gente dice odiarlo, los números de los sondeos revelan que es el favorito. Cada presentación de Trump es un verdadero show, esperado con gran expectativa, porque no se sabe lo que pasará, sus presentaciones han sido comparadas como una ópera bufa, que desafía la lógica convencional. Todo el mundo quiere saber lo que dirá, cómo atacará a sus adversarios y cómo se defenderá de los mismos.

La gracia del discurso de Donald Trump radica en decir lo que muchos solo piensan, pero no se atreven a pronunciar públicamente. Este candidato aborda temas de importancia, y con sus habilidades creativas lleva el fondo del asunto a niveles que la audiencia quiere escuchar y los otros candidatos no se atreven a traspasar. Trump maneja una verdad a medias y a los cuestionamientos que se le hacen propone soluciones rápidas y salidas de tono.

Llegó el momento de tomar en serio a Donald Trump y plantearse los posibles escenarios que ocurrirán si obtiene el triunfo, porque este hombre podría ser incluso peor que Hitler.