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Opinión

EDITORIAL

La última semana de este gobierno

Faltan cinco días para que termine el gobierno encabezado por Álvaro Colom Caballeros y con ello ingrese a las páginas de la historia nacional, cuyo veredicto le será adverso como consecuencia de haberse convertido en el ejemplo de cómo no se debe gobernar. Si bien es cierto los anteriores se caracterizaron por haber defraudado las esperanzas de los votantes y por no haber respetado las leyes, no tenía precedente la manera en que esto ocurrió en los últimos cuatro años.

La principal característica negativa fue el irrespeto o la burla de los preceptos legales, lo que ocurrió desde el mismo inicio de un gobierno que iba a “combatir la violencia con inteligencia”. Fue clara la intención de convertir a Guatemala en un país gobernado por una pareja de esposos, con influencia abrumadora de la cónyuge, a quien le fue permitido pasar por encima de la ley, por medio de desobedecerla o burlarla.

Los programas de ayuda a los sectores sociales más necesitados, una idea que es explicable y correcta, se convirtieron en una burda acción de clientelismo político y en una fuente casi inagotable de recursos desviados de ministerios y otras instituciones públicas, para utilizarlos sin control práctico alguno. La culpabilidad recae en el presidente Colom porque fue incapaz de poner orden, Cuando fracasó la intentona de burlar la propia Constitución para que fuera autorizada la ilegal candidatura de la señora Sandra Torres, la maniobra del divorcio se convirtió en uno de los hechos más vergonzosos de la historia del país y puso a Guatemala en la risa internacional.

Los escándalos causados por las acusaciones a la hermana de la ya entonces exesposa del presidente, así como el apoyo a la candidatura de su coterráneo petenero Manuel Baldizón, convirtieron a la Unidad Nacional de la Esperanza en lo que han sido todos los partidos oficiales de Guatemala al final de su único mandato: un cascarón sin rumbo, dividido por las ambiciones y la torpeza de las camarillas de dirigentes, y en espera de su segura muerte política en las siguientes elecciones.

Como consecuencia de la imagen positiva del presidente Colom para muchos sectores, las esperanzas en el 2007 fueron la causa del apoyo de los votantes. Pero la realidad muy pronto se hizo presente. Las mismas lacras, similar incapacidad —en general— de las personas llamadas a hacer gobierno. El mismo abrochamiento indebido de los recursos, la misma maldad de desviarlos o desaparecerlos en una danza de millones como no se había visto nunca.

Después de la segunda vuelta electoral, la figura del presidente desapareció del interés nacional. La atención de los guatemaltecos se centró en el nuevo gobierno, que tiene la responsabilidad enorme y evidente de cumplir con sus promesas y de demostrar que quienes lo integren irán con la idea de servir al país. Por eso, durante los primeros días de este 2012 parece haber un ambiente de serenidad ante el cercano término de un gobierno que tuvo aciertos en algunos temas, pero fueron opacados por las razones antes apuntadas.


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