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03/01/13 - 00:00 Opinión

ALEPH

Entre el ultraje y la culpa

En la protesta realizada en India sobresalen los carteles pidiendo ahorcar a los seis violadores de Amanat, la joven de 23 años, estudiante de Medicina, que fuera ultrajada en un autobús el pasado 16 de diciembre y luego lanzada al asfalto por sus agresores. Murió el fin de semana último, lo cual vino a mover los cimientos de un país donde cada 20 minutos es violada una mujer. Ante la presión ciudadana, el gobierno se prepara para juzgar a los agresores en los próximos días, e impulsar la ley “Amanat”, que busca endurecer las penas por agresión sexual.

CAROLINA ESCOBAR SARTI

Pero Amanat es un nombre ficticio, porque la familia no quiere enfrentar la vergüenza. Como si su hija deshonrada hubiese sido la culpable. Y si bien su muerte la está convirtiendo en un símbolo, lo primero que cabría rescatar de ella —y de muchas como ella— es su condición de ser humano y mujer. Pero Amanat no está tan lejos. En Guatemala, las cifras que hace algún tiempo ofreciera la Comisión Nacional contra el Maltrato Infantil (Conacmi) hablaron de entre 500 y 600 casos mensuales de abuso sexual, lo cual se tradujo en más de 11 casos anuales de violación contra niñas y adolescentes. Y estos son solo los datos de quienes denuncian, así que es de suponer que el subregistro de la vergüenza es mucho mayor.

Como mecanismo de control la culpa es del más poderoso, sobre todo cuando hablamos del control de las mujeres en un determinado sistema de dominación. Y más aún si hablamos del pastor, del padre, del padrastro, del abuelo o del maestro como figuras de autoridad y, al mismo tiempo, como primeros agresores de las niñas. Si no, que lo diga la menor de 10 años que fue violada por el pastor consejero de la familia y que hoy padece severas lesiones vaginales, orales y anales. Pero demos un paso más en dirección al siguiente texto, aparecido en una noticia de El Nuevo Herald (26/12/2012):

“Un párroco italiano ha desatado una fuerte polémica y grupos de mujeres han pedido su destitución, tras colocar en el tablón informativo de su iglesia una carta en la que acusa a las mujeres de haberse alejado de la virtud y de ser, en parte, culpables de la violencia machista, de habérselo buscado. Se trata de Piero Corsi, párroco de ‘San Terenzo´, de Lerici, (…), que ha colocado un cartel en el portón de la iglesia, titulado ‘Donne e il femminicidio’ (Mujeres y femicidio), en el que pretende hacer una ‘sana crítica’ (¿?) y señala que muchas veces ‘una prensa fanática y desviada’ echa la culpa de todo al hombre. (¡!). (…) Niños abandonados, casas sucias, comidas frías compradas en tiendas de comidas rápidas, ropas mugrientas… Si una familia acaba en el desastre y se llega al delito, una forma de violencia que hay que condenar y castigar con firmeza, muchas veces la responsabilidad es compartida”, escribió.

Declaraciones como la anterior nos permiten entender mejor la película, que al menos en Guatemala nos presenta una realidad de más de 29 mil embarazos adolescentes en el 2012 y medio millar de mujeres asesinadas cada año, desde el 2001. Con razón.

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