Opinión

EDITORIAL

Un juego para pocos

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Como era de esperarse, la conmoción creada por la filtración de los llamados Papeles de Panamá provocó una inmediata ola de informaciones, criterios y explicaciones, porque se ha calculado en hasta 32 billones de dólares, o sea 320 millardos, el monto de la evasión de impuestos en el mundo gracias a la participación en paraísos fiscales.

Entre las preguntas más importantes surgidas destaca el factor de que no haya sido mencionada ninguna entidad ni persona de origen estadounidense en la enorme lista de empresas y personajes implicados en las offshore creadas con fines cuestionables, un hecho que no necesariamente va ligado a esa figura, ni debe ser visto así en el cien por ciento de los casos.

Las reacciones indican que en la actualidad Nevada, Wyoming y Dakota del Sur se han convertido en verdaderos paraísos fiscales, muy similares a los países que han tenido esta clasificación durante muchos años. Por ello, desde hace algún tiempo algunos famosos bancos y bufetes internacionales han movilizado cuentas de sus clientes, en procesos que tienen algún tipo de complicación pero son posibles.

A estas informaciones se agrega que Estados Unidos no ha firmado el acuerdo de intercambio de información de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE), que entre sus acciones ha colocado a Guatemala en una zona gris respecto de estos temas. Los datos que circularon por centros informativos electrónicos indican además una presunta idea de afectar a Rusia.

En Guatemala y demás países de condiciones similares, es necesario indicar que pueden, en efecto, haber motivaciones de alta política internacional de los verdaderos detentores del mando del mundo. El escándalo tendría entonces el verdadero fin de sustituir los lugares donde funcionan los paraísos fiscales. Pero eso es un tema aparte, del cual apenas se puede llegar a ser espectador.

La figura legal de las empresas fuera de plaza es lícita y también responde a un criterio que se puede explicar desde la perspectiva de la corrección. Se vuelve incorrecta cuando las motivaciones y formas de hacerlas son oscuras. Incluso es justificable la idea de llevar el dinero propio a donde, a criterio de una persona, se encuentra en mejores condiciones de seguridad, en un país distinto. Desde esa perspectiva no es necesariamente mala la actividad de crearlas.

Sin embargo, el caso especial son los políticos, porque en su mayoría se trata de personas incapacitadas para explicar racionalmente el origen del dinero que intentan ocultar, a diferencia de los particulares que tienen el derecho de protegerlo. No se puede acusar de intenciones aviesas a la totalidad de las personas que formaron o adquirieron este tipo de empresas en otros países.

Este asunto apenas empieza y las sorpresas y preguntas necesitadas de respuestas aumentarán con el tiempo. Pronto se conocerán criterios sobre las consecuencias inmediatas, mediatas y a largo plazo, pero de lo que no se puede dudar es que el mundo no será el mismo a partir de ahora. En el impenetrable juego de los súper poderes globales, solo juegan unos pocos.