Opinión

Persistencia

Un sueño de Borges y un sueño de Maury

Margarita Carrera

Margarita Carrera

El tiempo —tema filosófico por excelencia— tiene también capital importancia en los sueños. En efecto, podríamos afirmar que el humano se ve gobernado por dos tiempos: el que corresponde a su realidad cotidiana y el que se refiere a su mundo onírico.

Freud penetra dentro de este último e insólito tiempo, tratando de encontrar una ley científica que lo gobierne. También lo hace Borges en su cuento Milagro secreto (incluido en su libro Ficciones), en el que un autor judío, condenado a muerte por los nazis, antes de morir se dirige a Dios pidiéndole lo siguiente: Si de algún modo existo, si no soy una de tus repeticiones y erratas, existo como autor de Los enemigos. Para llevar a término ese drama que puede justificarme y justificarte, requiero un año más. Otórgame esos días, tú, de quien son los siglos y el tiempo. Dios le concede lo solicitado: en el momento en que Hladík —nombre de autor judío— se ve frente al piquete que lo fusilará, el universo se detiene; todo queda inmóvil y Hladík puede dar fin a su drama en el aparente transcurso de un año. Entonces, una pesada gota de lluvia que había rozado una de las sienes de Hladík y rodaba lentamente por su mejilla en el instante preciso en que había de ser ejecutado, y que se ve detenida hasta el momento en que Hladík termina su obra, resbaló en su mejilla. Inició un grito enloquecido, movió la cara, la cuádruple descarga lo derribó. Esto es, en menos de cinco segundos, Hladik vive todo un año dedicado a la elaboración de su drama.

Freud relata algo similar, casi idéntico, al referirse al Sueño de Maury. Este, un segundo antes de despertarse, recibe el golpe de una de las varillas que sostienen las cortinas de su cama. En ese segundo ve desarrollarse en un sueño una larga serie de la Revolución Francesa. En donde, confundido él con la nobleza que va al patíbulo, muere guillotinado.

El tiempo del sueño de Hladík va del momento en que el sargento vocifera la orden final, a la descarga que le mata. El tiempo de Maury ocurre entre la caída de la varilla sobre el cuello del sujeto y despertar provocado por el golpe. Maury, en su sueño, muere guillotinado, rememorando, según Freud, la grandeza del alma de los aristócratas y revolucionarios franceses que subían erguidos y con paso firma al cadalso.

Me permito hacer la siguiente observación. Tanto en Hladík como en Maury se cumplen los deseos de ambos; el del primero, terminar su drama; el del segundo, equipararse a la alta nobleza de la época de Terror en Francia, la cual mostraba, según Freud, cómo se puede morir con ánimo sereno y conservar hasta el último momento un sutilísimo ingenio y las más exquisitas maneras.

Pero aun nos relata Freud otro sueño notable en donde se da un largo sueño en un tiempo brevísimo. Se trata del sueño de Casimir Bonjour, autor dramático. Este, sentado en un sillón del teatro, espera la presentación de una de sus obras. La fatiga lo vence y queda dormido en el momento en que se alza el telón. Sueña, entonces, que ve la representación de los cinco actos de que consta su obra. Terminando el último acto —relata Freud— oyó encantado cómo reclamaba el público el nombre del autor y lo recibía con grades muestras de entusiasmo. Cuál no sería su sorpresa al despertar en este momento y ver que la representación no había pasado aún de los primeros versos de la primera escena. No había, pues, dormido arriba de dos minutos.

Los íntimos deseos de Bonjour (ser aclamado por el público) se cumplen en su sueño. Denso en contenido, breve en tiempo real, de manera idéntica como sucede en el sueño de Hladík y en el de Maury.

margaritacarrera1@gmail.com