Opinión

EDITORIAL

Una fecha para tomar conciencia

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Cada año, en una fecha como hoy, el mundo, diversos colectivos sociales y medios de comunicación nos recuerdan que con la celebración del Día Internacional de la Mujer, la humanidad sigue en deuda con ellas, debido a las históricas desigualdades, a las limitadas oportunidades con las que cuentan para su desarrollo y a una atroz discriminación que a millones las mantiene en lugares relegados, casi de subyugación, sin olvidar que existen las víctimas de abusos aberrantes.Guatemala es uno de esos países donde las desigualdades son patéticas y por ello también es común que sean incomprensibles las manifestaciones de abuso en contra de miles de ellas. Pero hay circunstancias en las que la igualdad puede ser el menor de los males, cuando se habla en términos de participación. Estos son aquellos casos en los que las mujeres son literalmente violentadas dentro de sus propios hogares y convertidas en objetos sexuales, como una de las más repudiables muestras de aberración humana.

Las autoridades incluso dudan de que haya una creciente estadística de este tipo de abusos y simplemente lo ven como una mayor exposición mediática ante este tipo de sandeces. La verdad es que no importa si hay más o menos casos de agresiones sexuales, cuando lo cierto es que son demasiados y para nada debe ser una estadística relativizada, pues detrás de esos abusos existen expresiones de violencia y abuso que deben ser rechazados y condenados por toda la sociedad.

Nuestro país es uno de los más tristes ejemplos de cómo el concepto de mujer empieza a tomar sentido de una manera intolerable, cuando una menor resulta embarazada, sin siquiera tener conciencia de lo que le sucede y, por supuesto, sin el menor consentimiento para ello, pues miles de estos casos ocurren en total indefensión y dentro del círculo familiar. En muchísimos casos son los mismos padres, padrastros o familiares cercanos quienes incurren en estas aberrantes acciones que, como ocurre con muchas otras fechorías, quedan en la impunidad.

Recientemente se ha conocido de casos dolorosos e inconcebibles, como el de una niña de 10 años que resultó embarazada del padrastro. Algo difícil de comprender y mucho menos de tolerar y que por lo mismo debe castigarse con rigor, ya que estos son cuadros que retratan los niveles de degradación humana que carcomen las entrañas de nuestra sociedad y muestran también la debilidad de un Estado que ha sido incapaz de frenar esa creciente oleada de abusos contra niñas desprotegidas y en el desamparo ante agresores que actúan con impunidad.

Sin que esto implique restarle importancia a la batalla que miles de mujeres libran cotidianamente por reducir la brecha de inequidad, hay que mantener presente que existen dramas más preocupantes porque implican un mayor desequilibrio, donde las patologías implican expresiones de violencia infame contra seres indefensos. También porque se corre el riesgo de que se acrecienten casos como el de la muerte de una madre y su hija porque el conviviente de la mujer se negaba a pagar la pensión alimenticia.