Registrarse ¿Por qué registrarse?

Con tu usuario podrás:


- Ingresar al visor de la edición impresa
   de Prensa Libre

- Comentar cada nota publicada
   *ver términos y condiciones de uso
   del portal

- Obtener beneficios y promociones
   para usuarios registrados de
   Prensalibre.com


Olvidó su contraseña?

Opinión

PARALELO 30

El valor de las cosas (I)

Estamos acostumbrados a escuchar el dogma del fomento al crecimiento económico como fin último y sobre toda circunstancia, sin reparar en sus consecuencias y falencias. No se habla, por ejemplo, de los recursos escasos y limitados que eventualmente serán insuficientes para continuar el estilo de vida posmoderno, que es fundamentado por el consumo irresponsable -o sea el que se limita solo por las consecuencias de no pagar el crédito fácilmente obtenido-, y la producción irresponsable.

Samuel Pérez-

POR SAMUEL PéREZ- ATTIAS

La teoría sugiere que los mercados son eficientes en la asignación de recursos. Es decir, la producción se dirigirá hacia donde el sistema de precios refleje la más alta rentabilidad monetaria.

En teoría, los precios reflejarían la escasez de un producto o servicio: mientras más escaso, más caro. Sin embargo, cuando ese “producto o servicio” no se introduce en la hoja contable en términos monetarios, cuando es imposible privatizarlo, ergo cuando no es el sistema de mercado el que lo proporciona, la escasez, depredación y eventual extinción de dicho “producto o servicio” es inminente.

Las expresiones folclóricas y culturales, por ejemplo, valen, en el mercado, solo cuando representan ingresos monetarios, es decir cuando son “útiles” para quienes pueden pagar por ellos y deciden hacerlo. El mercado se encargará de estrangular y extinguir manifestaciones culturales, naturales o sabiduría milenaria que ha pasado muchas veces oralmente de generación en generación al no existir consumidores con acceso monetario para pagarlo o cuando el consumidor, que aún pudiendo pagarlo, coloca dichos servicios en la más baja prioridad de su escala de utilidad. Peor aún cuando esas manifestaciones no pueden ser “privatizadas” por su naturaleza pública. He ahí donde el modelo falla; he allí donde la economía y los economistas estamos llamados a revisar los supuestos de un modelo imperfecto y empujar la frontera del conocimiento hacia nuevas y diferentes realidades a las que damos por verdades. Mas importante aún, es allí donde el Ser Humano crítico debe cuestionar lo que lee, escucha y acepta como verdad absoluta.

¿Cómo valoramos las manifestaciones culturales, especies vivas, biodiversidad, lenguajes, especies genéticas, ecosistemas? ¿Cómo los catalogamos? ¿Son productos o servicios? Probablemente sea más fácil, más coherente con la naturaleza humana o al menos más sostenible entenderlos bajo un distinto sistema de valores y de supuestos, bajo un sistema económico diferente al prevalente “Libre (?)Mercado”.

El mercado —el consumo y producción irresponsables— ha provocado una acelerada transformación de ecosistemas y sigue haciéndolo de manera inmisericorde y con pocas limitaciones. El uso de energía fósil o el cambio climático son claros ejemplos. La velocidad en que se extraen y se utilizan los combustibles fósiles, versus la re-creación de estos eventualmente los extinguirá. Por el otro lado de la ecuación, la utilización de dicha energía en la cantidad y bajo la forma en que la utilizamos provoca —irrefutablemente constatado bajo parámetros científicos—, un acelerado cambio del ecosistema global, en el que a la especie humana le es difícil, bajo el mismo ritmo, adaptarse. (Continuará)


Más noticias de Opinión

Herramientas

Último momento

© Copyright 2012 Prensa Libre. Derechos Reservados.

Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.