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09/08/13 - 00:00 Opinión

CATALEJO

Tras una verdad suele haber otras

LA VERDAD, COMO TODO concepto abstracto, no existe como unidad. Al ser abstracto, se acerca enormemente a lo subjetivo, en su sentido del sujeto, del ser humano. Por eso es válido pensar en la existencia de varias verdades. Es posible afirmar la existencia de una Verdad —así, con mayúscula— como el resultado de la participación de varias verdades. Una metáfora de esto puede ser la margarita, flor cuyos pétalos la integran en una unidad. O la mazorca, cuyos granos integran la unidad, pero son individuales.

MARIO ANTONIO SANDOVAL

Admitir esto no necesariamente significa considerar a la Verdad como algo relativo, porque en todo caso, lo relativo es la valoración otorgada a las diversas manifestaciones de esta, cambiantes según pasa el tiempo en la historia y en la vida humana.

EL PLANTEAMIENto del doctor Edelberto Torres-Rivas en cuanto a la necesidad de conocer todas las manifestaciones de la verdad implícitas en el hecho histórico conocido como conflicto armado interno va en la línea de permitir a las generaciones actuales juzgar lo sucedido desde perspectivas variadas, para sintetizar una idea acerca de lo ocurrido en Guatemala. En alguna ocasión leí una pregunta hecha a alguien deseoso por conocer la verdad de una etapa histórica de su vida. El interlocutor le preguntó si estaba preparado para conocer la verdad, pero al mismo tiempo las otras verdades relacionadas con esa historia. Se refería a las diversas maneras como se podían narrar las acciones de sus antepasados. El interpelante nunca había pensado en eso.

DOS TEMAS MENCIONAdos por el doctor Torres-Rivas son particularmente importantes. Uno, el número real de muertos en combate y de víctimas inocentes en esos 36 años. El otro, el juicio necesario a quienes asesinaron a sus propios compañeros de lucha, en ambos bandos. Es necesario cortar de tajo la frase “eso no lo hicieron los nuestros”. Sí lo hicieron. Ya no se puede arreglar nada. Ya incluso quienes recurrieron a esa aberrante práctica han muerto en muchos de los casos. El paso del tiempo es factor fundamental. Desde esa perspectiva es válido el concepto de historia manejado por algunos historiadores, en el sentido de considerar histórico todo lo ocurrido después del paso de por lo menos cincuenta años, cuando las pasiones han fenecido.

CUANDO SE INTENTA narrar la Historia y explicarla en sus motivaciones utilizando los criterios válidos en el momento de los hechos, se cae casi de forma automática en el papel de defensor o de fiscal, cuyo objetivo debe ser lograr una condena o una absolución. Cuando se encuentra activo un conflicto armado, la propaganda es parte fundamental del esfuerzo, porque su objetivo es mantener el espíritu de soldados y civiles. Para confirmarlo, baste observar los afiches de los países participantes en la Segunda Guerra Mundial. Al verlos con mentalidad del 2013, es fácil comprender sus motivaciones y luego rechazarlas o apoyarlas. La posición de quien las explica debe ser de un analista, no de alguien convencido de su papel de predicador político.

AL COLOCARSE EN ESA posición de analista de la Historia y por tanto de alguien dispuesto a hacer las críticas y las alabanzas merecidas por ambas partes, se puede ganar el interés de quien lo escucha o lo lee. El lenguaje debe cambiar de una posición de intentar el convencimiento, a otra de lograr la explicación del porqué de lo ocurrido. La retórica debe cambiar porque al no hacerlo muchas veces el efecto es contraproducente, porque quien escucha no solo cierra su mente al mensaje, sino talvez queda con la idea de inclinarse al criterio de la otra parte. Estas son algunas de las causas por las cuales la exigencia de conocer la Verdad resulta ser riesgosa. Muchas veces al conocer alguna de sus partes, el dolor y la decepción pueden ser intolerables.

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