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17/01/13 - 00:00 Opinión

REFLEXIONES

¡¡¡Qué vergüenza!!!

En un día como hoy que inicia con el dolor y la indignación que nos causa habernos encontrado con la noticia de dos niñas y dos mujeres asesinadas brutalmente, sin haber sido aún identificadas pero que representan a los niños del país y a toda la población que vive constantemente en peligro, y el vacío que se siente de un Estado ausente, creemos que son una vergüenza nacional las jugarretas entre el Ejecutivo y el Organismo Legislativo. El Gobierno empieza este año con una acción inusitada,

FRANK LA RUE LEWY

que fue la decisión del presidente de no presentarse al Congreso a rendir su informe anual, bajo el argumento de que no lo hace porque este es un Congreso corrupto en el que el pueblo ha perdido la confianza. Este hecho nos debe provocar vergüenza en dos direcciones: la primera es que a pesar de que la ley no lo obliga a presentarse físicamente ante el Congreso a rendir su informe, sí resulta cuestionable la decisión de esconderse en su palacio nacional con miembros de su bancada, algunos representantes de otros organismos del Estado y algunos delegados de la Comunidad Internacional.

Este hecho da la impresión de que se trata de un presidente temeroso que no quiere confrontar las críticas, a veces abusivas, de otros partidos o esconderse de los reclamos de la población en la calle; en cualquier caso da una percepción de debilidad de quien debe conducir el rumbo político del país.

Lo anterior no ayuda a generar confianza ni mayor credibilidad en las instituciones del Estado; todo lo contrario. De nuevo parece que el presidente está siendo muy mal asesorado.

En segundo lugar, hay que reafirmar que el presidente tiene razón en su crítica al Congreso en cuanto al deterioro y la falta de credibilidad que se ha ganado como institución frente al pueblo de Guatemala; por el hecho de legislar arbitrariamente, de haber regalado recursos nacionales como las frecuencias de telecomunicaciones, la pérdida de su carácter de órgano fiscalizador de las acciones de los funcionarios públicos, y en particular, haber perdido su carácter de interlocutor de los diferentes sectores del pueblo de Guatemala con el poder político, respondiendo únicamente a intereses económicos personales; los grandes escándalos de corrupción, y el hecho más reprochable, que es el fenómeno del transfuguismo, que a todas luces se convierte en una compra-venta de diputados por los partidos políticos.

¿Qué puede pensar el pueblo de Guatemala de un diputado que en un año se ha cambiado tres o más veces de bancada?, o de aquellos que se salen de su bancada, se van a probar y luego regresan, o más extraño que alguna bancada triplica el número de sus miembros de un día para otro.

Todo esto nos hace replantear con mayor urgencia la necesidad de la reforma política en el país. Lo más triste sería encontrarnos en tres años con los mismos partidos políticos, los mismos candidatos, los mismos vicios y, peor aún, con un Congreso igual o peor que el actual y sin opciones honestas para la Presidencia de la República.

Este es el momento en que los jóvenes, las mujeres, y todas las personas comprometidas levantemos nuestra voz y exijamos al Congreso la reforma política.

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