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Prensa Libre

19/11/12 - 00:00 Opinión

DE HISTORIA E HISTORIADORES

El zen y la historia

El francés Jacques Gernet, gran conocedor de la civilización y cultura china, como lo prueba su voluminoso como erudito libro de historia El Mundo Chino (Crítica, 1999), afirma que la importancia de la China actual es el resultado final de una larga historia con grandes logros técnico-científicos, su escritura, su concepción del hombre y del mundo, sus religiones y sus instituciones políticas. Visto desde el ángulo único del historiador Gernet, “la diferencia fundamental entre la historia de China y la de los países de Occidente,

JULIO CASTELLANOS CAMBRANES

desde la Antigüedad hasta nuestro días, es una diferencia de precisión en el análisis”. Y es que la historia de las ideas, de las religiones, de la literatura, se confunde con la historia económica, política y social, dando origen a una historia intelectual en la que están muy presentes “los mecanismos moderadores de la forma de expresión popular”, que dan cuenta de la explotación de los más débiles por parte de los sectores poderosos, la arbitrariedad y el uso de la violencia en el ejercicio del poder político.

Las vidas de los pueblos chinos han estado regidas por una vorágine que los ha llevado al infierno en múltiples ocasiones históricas. Thomas Cleary, autor de El arte del liderazgo, es uno de los mayores expertos mundiales de la historiografía budista zen de la época de la dinastía Sung (siglos X al XIII). En su libro recopila grandes enseñanzas de sabiduría, experiencia y conocimiento chino, que deberían servir a los altos funcionarios guatemaltecos para moderar su autoritarismo político y social.

Por ejemplo, Caotang Qing dijo: “La chispa que quema un prado empieza a partir de una pequeña llama, el río que erosiona una montaña empieza gota a gota. Una pequeña cantidad de agua puede ser bloqueada con un montón de tierra, pero cuando hay mucha agua, puede desenraizar árboles y deshacer colinas. Una pequeña llama puede extinguirse con un vaso de agua, pero cuando hay mucho fuego, este quema ciudades, aldeas y los bosques en las montañas”.

También escribió Caotang, que en una gran comunidad conviven virtuosos y corruptos: “Si el dirigente no puede discernir con precisión las condiciones psicológicas de la gente, y el sentimiento de los que están abajo no comunica con los de arriba, entonces los de arriba y los de abajo se oponen entre sí y los asuntos se desordenan. Es así como la jefatura se arruina.

Puede suceder que el dirigente presuma de brillo intelectual y con frecuencia mantenga puntos de vista erróneos, sin comprender los sentimientos de la gente, rechazando el consejo de la comunidad y dando importancia a su propia autoridad, descuidando la consideración pública y practicando el favoritismo privado” [...] “Esos dirigentes repudian lo que nunca han visto y oído antes, y se apoltronan en sus formas de ser y actuar, en lo que están acostumbrados y en lo que los encubre. Esperar que el liderazgo de gente así sea grande y de gran alcance es como caminar hacia atrás intentando ir hacia delante”. ¿Alguna semejanza con Guatemala actual?

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