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CONTRASTES Discriminación
También eso fue discriminación.
Por:
Conrado Alonso
Sin duda alguna es un fastidio el tema y el hecho de la discriminación. Desde que le fue vedado el ingreso a la cervecería “Tarro Dorado” a la doctora Irma Alicia Velásquez “únicamente porque vestía el traje típico de su región”, Quezaltenango, he dejado pasar el tiempo y las hojas de los periódicos que reflejaban el repudio general.
La discriminación es más compleja y abundante en motivaciones que el racismo. Éste es correcto e igualmente incorrecto. Es un término clasificatorio correcto para esquematizar zoológicamente a los seres del género humano, y así la tradición convencional, basada en la pigmentación de la piel, distingue tres grandes razas.
Negros, blancos y amarillos -sin entrar a discutir, y cantar, de qué color es la piel de Dios- son las tres grandes razas humanas. El generalísimo Francisco Franco se inventó para España el “día de la raza”, que ya cayó en el olvido al tiempo que van anidando en ella muchos subsaharianos y orientales. Debió ser una raza aparte.
Los mismos pasos decadentes han ido sufriendo las teorías de los señores Gobineau y Chamber lain quienes, respectivamente y en el siglo XIX, difundieron sus creencias de la superioridad de la aristocracia frente a la democracia y del arianismo sobre todos los otros no arios. Algún ideólogo pensará en la superioridad gringa.
La discriminación, por otro lado mucho más amplio, aplica el látigo de la inferioridad a personas o colectividades por motivos raciales, también, y por motivos religiosos, políticos y una larga serie de diversos criterios. Uno de estos fue, en el caso que nos ocupa, por vestir el traje típico de una comunidad indígena guatemalteca.
Piense usted, carísimo lector, qué habría pasado si se hubiera presentado a la puerta del Tarro Dorado todo el cuerpo -y hay que ver qué cuerpos tienen, mucho más esbeltos que los del cuerpo diplomático o del consular- del ballet nacional con el atuendo de uno de los más llamativos y bellos trajes regionales. ¿Habrían entrado?
Si usted tiene huevos en su desayuno dominical, que sí los tiene, me responderá que indudablemente nadie les cerraría la puerta de ingreso a la cervecería. Ahora bien, en un momento que sufrí la falta de aquellos, presencié cómo impedía un gorila el ingreso a una discoteca a una dama española por peinar trenzas de hippie.
También eso fue discriminación. Y lo que había dentro no sobresalía por su decente porte. Cito lo anterior por si sirviera de consuelo a alguien. Los ladinos también nos discriminamos los unos a los otros. Ya pienso unirme al ente contra la discriminación en cuanto la cervecería sitúe los fondos. Claro, si es que los sitúa.
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