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Guatemala, 07 de Julio de 2002

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Cultura

La Buga
Presto non troppo: De David de Gandarias
Por: Paulo Alvarado

David de Gandarias vuelve, con mucha reciedumbre, a desplegar su empeño como uno de los compositores guatemaltecos de vanguardia, activo, resuelto y, muy definitivamente, leal a su paradigma compositivo.

Heredero de una tradición musical compleja -la del “avant-garde” occidental del siglo XX-, este autor ha llegado a madurar su expresión creativa a través del instrumento musical que, por confesión propia, es su gran predilecto: la computadora. Ahora, en una relación de intercambio con el arte popular de la costa atlántica guatemalteca, David propone “La Buga”: un montaje multimedial en el que se destaca el tratamiento electrónico de la música garífuna, la cooperación con intérpretes regionales y un tratamiento videográfico de imágenes provenientes de dicha cultura.

Dos virtudes principales perfilan la producción de “La Buga” como puesta en escena: la solidez del continuum sonoro y la poesía de elementos visuales. Sin prisas, sin impaciencia, David de Gandarias reclama todo el espacio auditivo del escenario sobre la premisa de desarrollar prolongados “crescendi” para alcanzar un estado extático, típico de la rítmica reiterativa y ritual de la música negra.

Vale decir que, a través de la automatización y el procesamiento electrónico de fragmentos de esa música (cantos, vocalizaciones, toques de tambor y otras percusiones), y de su combinación con la ejecución en vivo, poco a poco intenta envolver al oyente en un extenso lienzo sonoro. Adicionalmente (como complemento que no puede disfrutarse cuando se escucha el CD del mismo nombre, pero que enriquece marcadamente la presentación), el video. Hipnótico, lúcido, bien concebido y felizmente logrado, le confiere una hermosa y serena dimensión a lo aural.

El riesgo artístico es considerable: trasplantar una manifestación cultural de carácter social-ritual (en la cual intérprete y espectador se confunden en uno solo) a la sala de concierto (en la que se hallan desconectados).

Además, la obra está compartimentalizada de forma tal, que los artistas repetidamente tienen que esperar largos tramos entre intervención e intervención, sin que se llegue a concretar una interacción plástica entre el material pregrabado y el material en vivo.

Este último no aparece como origen ni derivado, sino como sumado al primero, y no es sino hasta los quince minutos finales de la presentación que los ejecutantes se liberan del marco electroacústico y logran evocar un ambiente de éxtasis. Ni hace falta abundar en cuanto a la desafortunada interposición de un narrador-declamador, que sólo sirvió para estorbar el flujo sensorial de la pieza.

Pero, como contraste, es de admirar la coherencia tímbrica y sónica de “La Buga”. De Gandarias no se pierde haciendo concesiones a oídos poco dispuestos para la densidad de esta música, en la que los bloques de sonido se van llenando por acumulación, muy sosegadamente; y, una vez llenos, siempre se disuelven, también muy sosegadamente.

Bien, por la venturosa colaboración del videasta Claudio Vásquez; bien por los músicos garífunas que participan; y bien, sobre todo, por esta excelente y amplia proposición musical del maestro David de Gandarias.

 

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