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Además, en esta sección:

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¡Apaguen esos celulares!
Señoronas y señorones, jovencitos y periodistas, no fastidiemos a los artistas
Por:
Juan Carlos Lemus
Estudiantes con las hormonas alteradas o señoras que contestan el celular a media función, lo mismo son e igual desconcentran a los actores.
Otras cuchichean con una amiga y otros comen chucherías con la boca abierta. A veces, junto a nosotros se sienta alguien que cambia de nalga a cada minuto, moviendo ruidosamente la butaca.
Estar en el teatro es muy molesto, a veces, particularmente cuando a nuestro lado se sienta una señora que se arregló el pelo para ir allí a platicar por teléfono. Y luego salen del teatro diciendo que estuvo “fabuloso”, “precioso”, “hermoso”.
Otros tipos se las dan de imprescindibles. Usan de esos radios que cargan los guardaespaldas y en la sala se oye cuando dicen: “Sí, aquí estoy en el teatro, papa”.
Ha de ser molesto para un actor que entre el público haya distractores. Súmele a eso el flash que tiran los periodistas. Puede que a éstos les importe un quetzal que el Opus 40 suene de maravilla, o que fulana hizo una excelente actuación, lo que quieren es la mejor foto y descargan 70 tiros en media hora, como si todas fueran a salir publicadas.
Cuando un actor debuta le gusta ese luzazo de la cámara que lo volverá famoso; después, cuando ya está harto de ello, hasta se esconde como hizo Serrat cuando vino a Guate.
Al principio hablábamos de las hormonas alteradas, porque los estudiantes, cuando van al teatro, silban si los actores se besan, o se ríen nerviosamente cuando éstos hablan de sexo. Lo mismo hacen los universitarios que todavía cargan a su niño adentro, o más bien cuando se les alborota el adolescente que tienen fuera.
Imaginemos cómo fue cuando, por el contrario, el público vio azorado a Nijinsky que se masturbó en escena, disfrazado de fauno. Y no fue en el IGA, tampoco en la UP, sino en el París de 1912.
Aunque usted no lo crea, a veces se tiene la idea de que asistir al teatro es asunto de gente culta. Hay público para todo. En el estadio, por ejemplo, las personas se tiran cuetes. Antes eran cocos, latas de cerveza, naranjazos. Hasta se lanzaban bolsas con orines. Desde que es prohibido ingresar cosas que duelan, los aficionados dieron en tirar fichas de a quetzal o de a 25 centavos, graderío abajo, hacia las cabezas.
La idea es, según parece, agredir al prójimo. Y sepa usted que en el palco de prensa es igual o peor. No es que los periodistas se tiren orines, pero sí que hablan, entran y salen, algunos tararean la sinfonía y no dejan oír la orquesta. Al palco de prensa del Teatro Nacional entran familiares de los empleados, o sucede que a alguna periodista se le ocurre llevar marido para platicar.
Ir al teatro no es poseer cultura. Da lo mismo ir al cine. No importa, lo que sí conviene es ir sin fastidiar al vecino, o mejor quedémonos matando moscas frente al HBO.
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Valentina Gómez
Su trabajo ha sido seleccionado en certámenes en España y Francia
Por:
Guillermo Monsanto
La conocí en Madrid gracias a la intervención de Olga Arriola que, aprovechando la ocasión, le enviaba un recuerdo desde Guatemala.
Entre horchatas, cafés y más adelante centros culturales y galerías, tuve la oportunidad de conocer a una persona maravillosa y a una artista de grandes vuelos.
Gracias a ella entendí desde otras perspectivas muy distintas a las que proyectan la avariciosa banalidad de las ferias de arte, el camino que recorren artistas que, como Valentina, ya han alcanzado influencia dentro del círculo expositor que frecuenta debido a sus méritos. Fue con ella y su esposo, el grabador Eduardo González Martínez, que me acerqué a una exposición en la Real Academia de San Fernando y conocí a sus condiscípulos y parte de la base que fundamenta su labor.
En su trabajo destaca como primer valor el color. En esta área -matizada por la experiencia de vivir en un país en el que se experimentan las cuatro estaciones puede ser entendida como colorista nata. Yuxtapone, funde, empasta. El color es dinámico, rítmico, casi se podría decir que musical. Las explosiones de amarillos, naranjas y ocres que deberían entrar en contradicción con los azules, verdes y grises se complementan para recrear la propia naturaleza de la artista.
Su variada paleta, rica en contrastes, vibra en sus creaciones denotando una suspicacia especial en la aplicación del pigmento. Se percibe un orden que no se rompe, pero que es controlado de manera intuitiva y que por lo tanto es independiente y personal.
Con la composición sucede otro tanto. La estructura del trabajo que conocí se delimita con color, no con dibujo. Se vale de la pintura para sugerir formas que muchas veces canalizan la imaginación hacia un conjunto. Materializa así un cosmos que puede alcanzar aires de realidad, pero cuya atmósfera provoca evocaciones de un mundo ideal. Un espacio y un lugar en el que no caben los nerviosismos de la globalización. En el que las prisas y la soledad de una sociedad del primer mundo no alcanzan a manipular el ideal de lo que el arte es: libertad, serenidad.
Sus fuentes surgen de la observación un tanto nómada que la lleva a recorrer la península ibérica. Vistas que le proveen de un paisaje variado, marcado por sus diferentes climas y que en su producción alcanza el sentido de nación. Cada pintura, o grabado, perfilan inquietudes que se canalizan con acierto en conjuntos cuyo factor principal se materializa en la experiencia cultural que ha formado a su autora. Su trabajo ha sido seleccionado en innumerables certámenes en España y Francia.
También ha obtenido premios y medallas en concursos regionales como los alcanzados en Beziers (Francia) o Wintentur (Burgos). Asimismo hay que apuntar que su creación la representa en colecciones públicas y privadas en España, Portugal, Suiza, Suecia y Estados Unidos.
En algún momento vendrá a exponer a Guatemala junto a otros creadores de su generación, eso es seguro. Por su presencia, ser una dama y pertenecer al mundo de la plástica como parte integral, va este homenaje.
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El tiempo atemporal
He pasado hoy horas dentro de casa sin hacer nada
Por:
Irina Darlée
En la biblioteca observaba grupos de libros, ojeándolos largamente. En la sala miraba un ramo de flores, perdiendo la noción del tiempo. Estaba cerca de las cosas, como cuadros, antigüedades, y alfombras, y no de los seres humanos.
Afortunadamente no llegó nadie y no perdí de vista el cielo alegrándome con el paulatino cambio de sus colores, por el rojo brillo del sol en su ocaso. Para muchos seres humanos la vida es una insatisfacción y cuando vienen te llenan la casa de sus problemas, pleitos y reclamos al destino.
Las cosas bellas, en cambio, son parte de una realidad hermosa: recuerdos de viajes, regalos de mis recientes cumpleaños y una bandeja de frutas con la que la espléndida naturaleza nos obsequia en el trópico. No es posible dejar de ver los silenciosos cuadros en la pared; son muchos sin ser demasiados, y casi ya no recordaba que los tenía por estar tan quietos.
Ahora aprendo a dar las gracias por todo lo que me ha sido dado y me rodea. Hay que “especializarse” en saber gozar de las cosas pequeñas, cotidianas, nuestras, y aprender a valorarlas. La óptica de los años nos hace ser humildes. Basta disfrutar con la vida del presente, sin hacer grandes planes para el futuro, y vivir sin añoranzas de mayores cambios.
En la primera mitad de la vida, la ilusión cotidiana nos alegra la existencia; en la segunda mitad, se busca la claridad intelectual tras un período del vacío o tras un dolor, que ha sido nuestro maestro en la tarea de aprender a vivir. Hay que tratar de “seguir viviendo” en la omnipresencia de todos los momentos felices, recogerlos del olvido.
En esta casa mía, he atendido a mis buenos amigos, he recibido gente agradable, he oído sus opiniones. Ahora básicamente me he vuelto un ser contemplativo, más que solitario, tratando un poco de estar al margen de la vida social, sin la presencia de muchas personas, las llamadas “importantes”.
¡Hay que saber detenerse! Aprender a gozar la buena salud y disfrutar de la vida sin la compañía de otras gentes, cuya vida es habitualmente una dura batalla hasta consigo mismo. Todos tratan de “mejorar”, de triunfar, aunque en el éxito se está más solo que en el fracaso. A medida que pasa el tiempo quedan atrás las pasiones, la ansiedad, y se vive lo que está dentro de sí mismo, y no afuera.
Convertir la memoria en conciencia, las experiencias en sabiduría. Escribir, pero no inventar cosas fantásticas sino escuchar las que están adentro de uno mismo o de sus recuerdos. Hacer resurgir las sensaciones de lo bueno que nos ha ocurrido lejos en el tiempo.
Sacudir nuestra perezosa memoria. Resucitar los muertos o lo muerto dentro de uno, es recuperar el pasado, para que no haya pasado de balde o en vano, y vivir sin prisa, puesto que la mucha prisa convierte a la vida moderna en un espectáculo televisivo. Buscar la belleza ética más que estética y transformar lo negativo en positivo, sin lo cual seríamos unos cascarones vacíos.
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Los cuentos esos están bonitos
Cabalgalibros: Otro buen rescate editorial; cuentos de Balsells Rivera
Por:
Juan Carlos Lemus
Alfredo Balsells Rivera vivió de 1904 a 1940.
Escritor prácticamente desconocido, en vida publicó sus cuentos en periódicos y le editaron, individualmente, el titulado “La sonrisa provisional”, en 1931.
Su primer libro, “El venadeado y otros cuentos”, fue publicado en 1958 por Editorial Universitaria de la USAC. El mismo fue reeditado por la misma casa en 1989 y se reimprimió en el 2001.
Este año, la Tipografía Nacional publicó el título “El tamagás y otros cuentos”, edición con 13 relatos, más una biografía escrita por José Alberto Cortés que incluye fotografías del escritor. Este libro de cuentos es recomendable para estudiantes de secundaria, para los de letras en la universidad y para oficinistas.
Además, para monjas y policías. Es una lectura para todos, entretenida, “de las de antes”, con historias que suceden entre campesinos y en las que el autor utiliza un habla regional, como esta: “-¿Y diay? También ustedes van a Esquipulas, ¿verdá?
“-Así es. Pensamos llegar si Dios nos da juerzas” (182).
La lectura de “El tamagás” podemos apreciarla más si comprendemos que es un libro escrito a principios del siglo pasado, como quien dice, cuando no había ni tele y la gente viajaba por el mundo a puro barco.
Y fue precisamente en barco que Balsells Rivera viajó a Paris. Esa experiencia parece que lo marcó en la narrativa, pues algunas veces intenta el cosmopolitismo, como en “La sonrisa provisional”, pero no le sale y el resultado es ingenuo.
En general, las descripciones son poéticas: “El camino va trepando por los cerros violeta, encariñado con las alturas, y al fin se desploma y cae hasta el río, lo mismo que un saco de harina abierto de una cuchillada” (181).
Dígame si no es bonito eso del camino que se riega como “saco de harina abierto”. En cuanto a los temas y las historias, es un libro que nos cuenta:
-De un loco que decide colgar un espantapájaros poco común.
-Del loro Polo, que además de hacer “Rrrrrr” y de cantar “La cucaracha”, es testigo de un adulterio.
-O de cómo eran antes las romerías a Esquipulas, cuando se hacían a pie y durante varios días.
El libro de cuentos “El tamagás”
• Autor: Alfredo Balsells Rivera.
• Editorial: Tipografía Nacional de Guatemala.
• 251 páginas.
• Dirección: Tip. Nac. 18 calle 6-72 zona 1.
• Tel. 251-7344.
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Antonio Gallo
Filósofo, escritor e impulsor del arte
Por:
Ingrid Roldán
Filósofo, autor de varios libros, catedrático universitario y sacerdote italiano, vino a Guatemala a principios de la década de los 60.
La llegada de Antonio Gallo al país coincidió con la fundación de la Universidad Rafael Landívar, donde ha sido catedrático y en donde creó la galería El Túnel. Ahora está escribiendo un texto de metafísica y ya tiene otro preparado sobre valores. Tiene también un manual de hermenéutica, dirigido al problema de la identidad.
¿Cómo se dio la fundación de la galería El Túnel?
“En aquella época, que fue alrededor de los 70, habíamos tomado contacto con diferentes movimientos del arte y me di cuenta de que las galerías en Guatemala no duraban. En aquel entonces teníamos la Facultad de Humanidades en la zona 1, a media cuadra de Santo Domingo.
Allí mismo abrimos la galería El Túnel. El primer expositor fue Luis Díaz. Nació dentro de la universidad y después ya con Ingrid (Klüssmann) buscamos una sede más grande en la 16 calle, entre 6a. y 5a. avenidas, donde todavía está una parte, porque hay otra en la zona 10. Se abrió una escuela, porque Ingrid daba también clases de pintura.
Servía un poco como centro de reunión de artistas alrededor de El Túnel, se movían prácticamente lo que nosotros llamábamos los diez grandes, que eran los pintores más reconocidos, como Elmar René Rojas, Abularach, Quiroa, Gallardo. También los jóvenes, porque la idea era promover la pintura o la escultura. El Túnel duró hasta hoy, gracias a Dios celebró sus 30 años y sigue adelante”.
¿Qué piensa de esta nueva ley que prohíbe los espectáculos obscenos?
“Yo no sé cómo haya nacido esta ley, ni siquiera el alcance que tenga. Le dan mucho bombo porque todo el mundo, los periodistas, en seguida levantan el grito al cielo que les quitan la libertad. Quiroa escribe en elPeriódico que esto va a ser el fin del arte. Yo creo que esto no llega a tanto. La pornografía contra la cual se lucha es la pornografía abierta que se encuentra en las películas de televisión, en todas partes, y eso no tiene nada que ver con el arte. Esa es pura inmoralidad que explota el instinto de la gente para vender”.
¿En dónde está el límite?
“En la conciencia de la gente. Tiene que desarrollarse una conciencia crítica, moral, por lo cual se evita ese tipo de destrucción, porque es destruir la apertura de la juventud que se polariza a través de estos espectáculos. Yo no conozco la ley ni sé hasta dónde llega, pero sí estoy de acuerdo en que tiene que separarse lo que es la pornografía de lo que es la expresión artística”.
¿Cómo ha logrado conjugar su función de sacerdote, filósofo y académico?
“No veo ninguna dificultad, con tal de que uno sea coherente con lo que hace y lo que dice”.
¿Por qué la filosofía se mantiene lejos de la realidad de muchos jóvenes?
“Porque la filosofía es difícil. Es una especulación propiamente de gente mayor, de gente que reflexiona sobre la vida. Al joven le cuesta. Aprenderse una filosofía como si se le pusiera un vestido a uno no tiene sentido. Siempre serán pocos los que se dedican a la filosofía. En Guatemala no había nadie, ahora hay algunos, por lo menos. El único filósofo guatemalteco era Nery Castañeda, que se fue a Estados Unidos y murió de cáncer hace unos años”.
¿Cuál es papel que debería jugar un filósofo en una sociedad como la guatemalteca?
“Primero, observarla, y luego, tratar de comprenderla e indicar cuál es el valor humano básico que hay que respetar en las relaciones entre unos y otros. Por eso es necesario que los filósofos también escriban, pero no a favor de un grupo que les paga, como sucede con Roberto Morales, por ejemplo, de quien ya se sabe claramente que está orientado al que le paga, y todo lo manipula.
Pero si es un filósofo serio, sincero, busca las situaciones que no son iguales en todas partes. En cada lugar hay una situación que habría que resolver desde el punto de vista humano. Que los valores humanos sean respetados, porque están encima de cualquier ley y tradición. En Guatemala, desgraciadamente, hay una tradición muy triste en este propósito, porque siempre se ha impuesto la fuerza.
Es necesario un verdadero proceso de respeto hacia lo humano, lo fundamental. Por eso digo que no soy ningún revolucionario ni voy a organizar desfiles, pero el filósofo es más peligroso que los desfiles, porque las ideas caminan por su cuenta. Lo que tiene que hacer el filósofo es presentar las ideas, para que la gente sea alimentada por esta visión".
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La Buga
Presto non troppo: De David de Gandarias
Por:
Paulo Alvarado
David de Gandarias vuelve, con mucha reciedumbre, a desplegar su empeño como uno de los compositores guatemaltecos de vanguardia, activo, resuelto y, muy definitivamente, leal a su paradigma compositivo.
Heredero de una tradición musical compleja -la del “avant-garde” occidental del siglo XX-, este autor ha llegado a madurar su expresión creativa a través del instrumento musical que, por confesión propia, es su gran predilecto: la computadora. Ahora, en una relación de intercambio con el arte popular de la costa atlántica guatemalteca, David propone “La Buga”: un montaje multimedial en el que se destaca el tratamiento electrónico de la música garífuna, la cooperación con intérpretes regionales y un tratamiento videográfico de imágenes provenientes de dicha cultura.
Dos virtudes principales perfilan la producción de “La Buga” como puesta en escena: la solidez del continuum sonoro y la poesía de elementos visuales. Sin prisas, sin impaciencia, David de Gandarias reclama todo el espacio auditivo del escenario sobre la premisa de desarrollar prolongados “crescendi” para alcanzar un estado extático, típico de la rítmica reiterativa y ritual de la música negra.
Vale decir que, a través de la automatización y el procesamiento electrónico de fragmentos de esa música (cantos, vocalizaciones, toques de tambor y otras percusiones), y de su combinación con la ejecución en vivo, poco a poco intenta envolver al oyente en un extenso lienzo sonoro. Adicionalmente (como complemento que no puede disfrutarse cuando se escucha el CD del mismo nombre, pero que enriquece marcadamente la presentación), el video. Hipnótico, lúcido, bien concebido y felizmente logrado, le confiere una hermosa y serena dimensión a lo aural.
El riesgo artístico es considerable: trasplantar una manifestación cultural de carácter social-ritual (en la cual intérprete y espectador se confunden en uno solo) a la sala de concierto (en la que se hallan desconectados).
Además, la obra está compartimentalizada de forma tal, que los artistas repetidamente tienen que esperar largos tramos entre intervención e intervención, sin que se llegue a concretar una interacción plástica entre el material pregrabado y el material en vivo.
Este último no aparece como origen ni derivado, sino como sumado al primero, y no es sino hasta los quince minutos finales de la presentación que los ejecutantes se liberan del marco electroacústico y logran evocar un ambiente de éxtasis. Ni hace falta abundar en cuanto a la desafortunada interposición de un narrador-declamador, que sólo sirvió para estorbar el flujo sensorial de la pieza.
Pero, como contraste, es de admirar la coherencia tímbrica y sónica de “La Buga”. De Gandarias no se pierde haciendo concesiones a oídos poco dispuestos para la densidad de esta música, en la que los bloques de sonido se van llenando por acumulación, muy sosegadamente; y, una vez llenos, siempre se disuelven, también muy sosegadamente.
Bien, por la venturosa colaboración del videasta Claudio Vásquez; bien por los músicos garífunas que participan; y bien, sobre todo, por esta excelente y amplia proposición musical del maestro David de Gandarias.
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LAGAAN
Cinenfado: Una buena opción para pasarla en casa
Por:
Fernando Ramos
El Oscar es el premio de mayor prestigio que se entrega en el cine pero, también, es el más subjetivo.
Sin embargo, cuando se trata de premiar a la mejor producción en habla no inglesa, casi todas las veces, la película premiada es muy buena. Títulos como: “Antes de la lluvia” (Macedonia), “Kolya” (República Checa) y “Farinelli” (Bélgica), entre otros, son ejemplos. Una de las cintas nominadas en la pasada entrega de los Oscar fue “Lagaan” filme procedente de la India.
A pesar de producir la mayor cantidad de películas al año, la India solamente había recibido dos nominaciones anteriormente: “Mother India”, 1957 y "Salaam Bombay" 1988. Hasta ahora no ha ganado la estatuilla. Lagaan es una monumental producción que dura tres horas y cuarenta y cinco minutos (una de las películas mas largas que he visto en mi vida).
Es el filme más caro en toda la historia del cine "made in Bollywood" (así le llaman a Bombay). La trama se ubica en 1893 y cuenta la historia de un pequeño pueblo que para librarse del Lagaan (impuesto que se tiene que pagar a los ingleses) acepta jugar un partido de Cricquet. Si pierden tienen que pagar el triple y si ganan se liberan del pago.
Planteada de esta manera se antoja una historia ingenua. Sin embargo, el desarrollo de la misma es lo que vale de la cinta. No sólo se trata de la lucha contra la ocupación inglesa, también se trata del triunfo del espíritu humano.
Los hechos se narran de manera fluida, por lo que el filme no aburre, a pesar de su largo metraje. Un aspecto que hay que destacar es el referente a las partes musicales de la cinta pues la música está muy bien realizada y muy acorde a lo que se cuenta.
En conjunto todos los personajes están muy bien logrados. Quizá lo único que la película tenga en contra es precisamente la parte que se refiere al juego de Cricquet pues se deja de un lado lo artístico para dar paso a una parte de entretenimiento puro que dura casi hora y media.
Lagaan, dirigida por Ashutosh Gowariker, protagonizada por Aamir Khan y Kulbhushan Kharbanda, es una buena alternativa para pasar un buen rato entretenido en casa. Disponible en video. Calificación: 9.
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Bienvenidos a “La Lengua“
Carta de nuestros lectores
“Anoche, uno de los chicos que viven a mi casa estaba viendo un video de rock satánico. A mi parecer lo que no construye destruye, y por desgracia eso es lo que esta haciendo la música actual.
Si este antes era un arte de recreación entre la juventud ahora se ha convertido en un medio de hipnosis que nos está convirtiendo en auto destructores y suicidas de nuestro destino. Ya empiezan a ponerse de moda los cantantes que tienen por amante la muerte, el habito suicida, la infidelidad, la borrachera (disculpen los aficionados a las rancheras) y la rebeldía contra toda norma moral que pueda llevar al bien común y propio.
“¿Qué nos pasa? hasta cuándo nos hemos de dar cuenta que la música influye en los sentimientos y en la vida de los seres humanos y que esta influencia como tal debe ser encaminada hacia la construcción de una conciencia moral más sana, justa, libre de adicciones, crítica y con una buen gusto por la cultura y la tolerancia (las canciones racistas).
Me van a disculpar todos los cantantes (y todos sus seguidores) pero realmente están haciendo mal su trabajo, pues ya he visto a dos jóvenes suicidarse después de ver un concierto de rock satánico”.
Wingston González, escritor.
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