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Guatemala, 20 de Abril de 2003

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Cultura

Miguel Orrego Corzo
Director del Proyecto Nacional Abaj Takalik desde su fundación, en 1987
Por: Ingrid Roldán

Foto de portada

“Yo quería encontrar raíces, no desarrollo”, dice Miguel Orrego Corzo al hablar de su carrera como arqueólogo.

Considera que sus mayores aportes han sido en dos lugares: Tikal, al que llegó de 18 años, y Abaj Takalik.

Buena parte de su formación se dio en el campo de trabajo junto a arqueólogos como William Coe, Edwin Shook y Richard Adams, en Tikal, en 20 años de carrera. Desde 1987 es director del Proyecto Nacional Abaj Takalik.

De los 15 años que lleva trabajando en Abaj Takalik, ¿cuál ha sido el descubrimiento más importante?

“Yo creo que poder entender realmente qué es en realidad, incluso ya estamos cambiando el nombre del sitio porque Abaj Takalik es un nombre k’iche’, pero desafortunadamente está a la inversa, es ‘Takalik Abaj’.

“Me interesó mucho Abaj Takalik, porque allí es notable la presencia de dos culturas: la olmeca y la cultura maya. Lo más interesante es que parecen convivir en cierto momento. Encontrar la fusión de las dos culturas es quizás una de las cosas más importantes, y por lo cual Abaj Takalik es interesante en el diario mundial.

“Otra cosa es que en Abaj Takalik ya tenemos los primeros signos de la escritura maya. Cuando hablamos de que comienza a gestarse todo un sistema de escritura resulta ser muy interesante, porque vemos el aspecto epigráfico cuando comienza.

“Estamos hablando de estelas que datan del año 300 antes de Cristo, que ya tienen intentos de fechamiento. Toda la iconografía es propiamente maya. Es muy interesante encontrar ese tipo de escultura maya temprano en lugares donde supuestamente no los había”.

¿Qué se refleja de las culturas maya y olmeca en el sitio?

“Lo más antiguo encontrado en Abaj Takalik es más o menos de 1000 antes de Cristo. No quiere decir que los olmecas en sí hallan venido y se hallan asentado en Abaj Takalik. Es una corriente cultural que está caminando en esa época a lo largo de Mesoamérica, porque si vemos, hasta en Copán hay evidencia de los olmecas.

“Abaj Takalik, hablando de esa época muy temprana del 1000 hasta más o menos 300 antes de Cristo, tuvo esa connotación, ese estilo artístico que es olmeca. Eso es interesante, porque entonces ya no hablamos de fronteras; en aquella época era toda Mesoamérica, estaban intercambiando cuestiones culturales, incluso, Abaj Takalik hacia el año 200, 300 A.C., formaba parte de una importante ruta comercial que venía por toda la boca costa, desde la parte mexicana de Chiapas, caminaba por Abaj Takalik, se iba por El Baúl en Escuintla y Kaminaljuyú, que era tal vez el remate de una ruta comercial muy larga. Yo diría que Abaj Takalik y Kaminaljuyú son dos lugares hermanos”.

Cuando usted llegó al sitio, ¿en qué condiciones estaba?

“El proyecto en sí nació cuando yo estaba en la universidad de Los Angeles; allá tuve a mi cargo la sección de topografía arqueológica por un año. Me fui a los Estados tratando de cambiar un poco de ambiente después de estar 20 años en la selva. Allá me enteré de lo que era Abaj Takalik. Entonces comenzamos a tratar de formar el proyecto. En aquella época la Universidad de Berkeley estaba también interesada, porque ellos habían comenzado a trabajar allí mucho antes que nosotros.

Queríamos hacer un proyecto bipartito; desafortunadamente, en esa época vivíamos tal vez el período más duro del conflicto armado y Abaj Takalik estaba dentro del punto rojo del conflicto. Había prohibición ante cualquier proyecto científico extranjero, especialmente americano, que estuviera en esa región, por cuestión de seguridad.

“Yo regresé de Los Angeles para hacerme cargo del proyecto. Nos vimos solos, lo cual quiero decir que para mí ahora es un orgullo, porque el Ministerio de Cultura y Deportes en ese tiempo todavía jovencito, recién fundado, nos ayudó, nos abrió las puertas y nos comenzó a aportar los medios económicos.

También hay otra cosa muy importante que tiene que ver con la creación del proyecto y es en ese sentido la buena voluntad que tuvieron los dueños de la finca, especialmente don José Luis Ralda.

Recuerdo bien que en las primeras conversaciones que tuvimos me dijo que eso era del pueblo de Guatemala, y que si era para hacer algo útil para la sociedad guatemalteca y el mundo, lo hacía. Él donó las primeras 11 manzanas de terreno que es donde está el parquecito, y condicionó otras 11 manzanas para que el Estado de Guatemala pudiera asfaltar la parte de carretera del pueblo más cercano que es El Asintal, hasta el parque, y así se hizo. Ahorita se está arreglando la segunda donación para que el parque tenga sus 22 manzanas. Yo diría que en ese sentido la persona más importante respecto de la creación del proyecto y el parque es precisamente el señor Ralda.

“Uno de los trabajos que también quisiera recalcar, porque son 15 años que el Ministerio nos ha soportado económicamente. Es cierto que no estamos muy en bonanza que se diga, por lo menos se nos permite trabajar, y actualmente Abaj Takalik es un sitio que recibe alrededor de 3 mil a 4 mil visitantes por mes. Lo que nos llena de más satisfacción es ver que 90 por ciento es visitado por alumnos”.

¿Con qué elementos contaba usted cuando comenzó a trabajar en Abaj Takalik?

“Fui seleccionando a un grupo de profesionales, porque el éxito de una empresa depende también de sus miembros. Tomé arqueólogos que en ese tiempo eran muchachos ya salidos de la universidad, con pensum cerrado y ya dispuestos a hacer su tesis; entre éstos estaba la compañera que comparte conmigo la dirección del sitio, Christa Schieber de Lavarreda.

Ella es arqueóloga y tiene la parte científica; ya en ese sentido descansé un poquito. Comenzamos con seis arqueólogos guatemaltecos”.

¿Qué cree usted que es lo más importante que los guatemaltecos deberíamos saber de Abaj Takalik?

“En principio, lo que tenemos que saber es que allí está la raíz de la nacionalidad guatemalteca. Estamos hablando de culturas alrededor del año 1000 a.C. Todo lo que conocemos de la cultura maya clásica es después de Cristo, 700, 800, y la otra cosa muy importante es que tenemos que ir pensando en que el país es riquísimo, culturalmente hablando, y que no sólo Petén es arqueología, también la Costa Sur tiene cosas importantes. Las raíces de la cultura mesoamericana descansan en esa región”.

 

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