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EDITORIAL EE.UU. debe hacer investigaciones
Conforme empiezan a conocerse detalles de lo ocurrido en los días posteriores a la invasión estadounidense a Bagdad, además del caos sobresalen dos hechos contradictorios que deben ser investigados: uno por lo que los soldados hicieron, y otro por lo que dejaron de hacer.
Dos casos distintos, similares en su gravedad, cuyos efectos ya aumentan las críticas externas e internas hacia el equipo del Gobierno de Estados Unidos, por lo que el presidente Bush debe crear comisiones independientes para explicar lo ocurrido.
El primer caso es el ataque premeditado de un tanque contra el hotel donde se albergaba prensa internacional independiente, con resultado de tres periodistas muertos. Los corresponsales de guerra tienen claros los riesgos a su vida y la posibilidad de ser muertos por “fuego amigo” o como parte de una acción militar en la que se encuentren. Pero no es el caso. Los disparos fueron intencionales y las explicaciones no pueden satisfacer a nadie.
La muerte de los periodistas podría ser interpretada como un retroceso en la tradicional y correcta política oficial estadounidense respecto del trabajo de la prensa independiente. Declaraciones oficiales como las referentes a un posible ataque a Siria justifican, como nunca, que las versiones oficiales sean balanceadas con el producto del trabajo periodístico, como ha sido desde Watergate.
El otro hecho es la inacción militar ante el saqueo del Museo de Bagdad, donde estaban algunos de los tesoros culturales más importantes de la humanidad. Se perdieron siete mil años de historia en la peor tragedia cultural desde el incendio de la biblioteca de Alejandría, en tiempos precristianos.
Hubo confusión y caos, pero es ridículo pensar que las turbas saqueen un museo, como hacen con supermercados o casas. Fue un hecho planificado por traficantes de arte iraquíes, con la involuntaria complicidad de quienes, pudiendo detenerlo, no lo hicieron porque nadie pensó en ese riesgo para la cultura universal, pero sí en aspectos coyunturales de muy poca importancia en el análisis histórico.
En este caso, la explicación que Washington tiene obligación de dar es por qué la estrategia no incluyó cuidar los puntos de importancia cultural, pero sí había planes para controlar el Ministerio de Petróleo, por ejemplo. Las personas y países amigos de Estados Unidos y su propia población tienen derecho a saber las causas de esta tragedia cultural imposible de reparar y que desde ya le asegura a esta guerra una mención en la historia humana.
Lo ocurrido en el museo trae de nuevo a debate el viejo tema del valor del arte y de la cultura universales al compararlo con la pérdida de vidas humanas, y si vale la pena y es justificable sacrificarlas o inmolarlas para conservar o para defender la intangible huella de la raza humana en la historia.
La respuesta es clara: la herencia cultural a lo largo de los tiempos es superior. A este costo, cualquier victoria militar o política se hace mínima y sobre todo, pírrica: debido a ésta, hubo destrucción masiva cultural, que todo ser humano hubiera tratado de evitar.
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